28/12/15

Cultura de la memoria y de la Paz (Mesa redonda)*

             Dice Paul Ricoeur que,  cuando desaparecen los testigos, la memoria se disuelve en historia, es decir, dejamos de preguntarnos por el sentido moral del pasado para el presente y nos concentramos en conocer los hechos.

            Mi opinión es que eso puede valer para la I Guerra Mundial pero no para Auschwitz. ¿Por qué? Porque Auschwitz significa que ocurrió lo impensable, lo incomprensible, y cuando eso ocurre, lo ocurrido se convierte en lo que da que pensar.

            Me explico: Digo que "ocurrió lo impensable" y así fue: el asesinato de todo un pueblo, por el hecho de nacer judío, ante la mirada indiferente del 90 % de los europeos, según estimación de George Steiner. Eso lo hace incomprensible, aunque conozcamos perfectamente lo que se hizo y cómo se hizo. Incomprensible significa moralmente injustificable, pero también racionalmente inexplicable.


            70 años después ¿en qué situación se encuentra la memoria de Auschwitz? Hitler quería borrar todas las huellas para que no se pudiera recordar. En eso ha fracasado. Recordamos. Pero asistimos a un proceso imparable de envejecimiento de la memoria. Ocurre en Alemana y ocurre en España.

            Hablaré de España: aquí la memoria se ha concentrado en la Guerra Civil y en la transición política. Estamos asistiendo a un movimiento de intelectuales y políticos "progresistas" contra la memoria histórica: Santos Juliá, Álvarez Junco, Muñoz Molina, Fernando Savater (todos en la estela de Javier Pradera) y últimamente Javier Cercas con su novela El Impostor. Recordemos que el protagonista es un personaje sacado del mundo concentracionario alemán. Enric Marco es un farsante que se ha construido una identidad falsa de deportado en un campo alemán de concentración (no es un franquista que se construya una identidad  antifranquista). Un personaje que el autor de la novela rescata para convertirle en el prototipo del ciudadano español de la transición: todos tuvimos que mentir, que crearnos una identidad falsa de antifranquista, en nombre de la "memoria histórica", de "la tiranía de la memoria". El prestigio de la memoria nos obligó a mentir. ¿Conclusión? desprestigio de la memoria: la de Auschwitz y la de la Guerra Civil

            ¿Qué hacer? Son tiempos de postmemoria. Tenemos que pasar de "hablar sobre Auschwitz" a "hablar desde Auschwitz". ¿Cuál es la diferencia? Auschwitz significa "deber de memoria" o, como decía Adorno, "deber de repensar todo a la luz del sufrimiento": repensar Europa desde los campos de exterminio, como pedía Semprún; repensar la política como respuesta al sufrimiento ajeno; repensar la ética como hacer nuestra la inhumanidad del otro... Todo eso está pendiente.

Reyes Mate (*Intervención en el Acto organizado por el Goethe Institut de Madrid, 27 de enero 2015)