1/2/26

Max Aub o la búsqueda de un nuevo espacio político

1. Max Aub ocupa un lugar muy especial entre los exiliados españoles. Sí llama la atención el hecho de que la mayoría apenas si reflexiona sobre su experiencia, viviéndola más bien como un destino, Max Aub es uno de los pocos casos en los que el exilio se convierte en la experiencia central de su quehacer intelectual.

            El caso más llamativo quizá sea el de María Zambrano donde el exilio se convierte en la experiencia vital que le permite descubrir su verdadera patria precisamente como exilio. No la superación del exilio, en la forma de un regreso al lugar del que partió, sino el descubrimiento de un nuevo espacio donde lo determinante no es la patria que dejó sino ese nuevo lugar determinado por la ausencia de pertenencias, es decir, abierto al mundo.

            Un caso diferente pero igualmente significativo es el que representa Jorge Semprún. Cuando le preguntaban quién era (si español o francés, si escritor o político), respondía sin vacilación “soy en primer lugar y ante todo un exdeportado de Buchenwald”, es decir, alguien que, aunque liberado del Lager, nunca abandonó el campo o que regresaba necesariamente a él porque “fue ahí , en ese lejanísimo exilio, donde echó raíces mi desarraigada identidad” (Semprún, 2006, 294). Todo lo veía desde el campo. Esa mirada le llevó a una revisión profunda del concepto de política. Su verdadera patria no podría tener que ver con una “identidad arraigada”, es decir, vinculada al concepto de identidad nacional, racial o étnica, que había sido la causa del Lager. El nuevo lugar de la política sólo podía ser un espacio de libertad, transidentitario o posnacional, es decir, Europa, una Europa Unida.

            Un caso parecido al de Semprún sería el de Max Aub. Como Semprún, nunca salió del campo, de ahí que su gran obra esté marcada por ese término, Campo, que son seis: Campo cerrado, sobre el 18 de julio en Barcelona; Campo de sangre, la batalla de Teruel; Campo abierto, sucesos de 1936; Campo del Moro, últimos días de Madrid en la GC, Campo francés, su experiencia concentracionaria se convierte en guión cinematográfico; Campo de los Almendros, últimos días de la República en Alicante.

19/1/26

El antisemitismo hoy (1)

            “Crece el antisemitismo” es un titular frecuente en la prensa de estos días. Sólo falta precisar en qué país. Crece en países de una Europa que fue escenario de un antisemitismo genocida que pensaba haber conjurado definitivamente.

             Explicar por qué vuelve es asunto harto complicado porque el antisemitismo se dice de muchas maneras. Están los viejos antisemitismos de origen religioso o laico y están otros nuevos, como el que tiene origen árabe.

             El de origen religioso quedó bien resumido por el historiador Raul Hilberg en su aparición en el film Shoah de Claude Lanzmann (2). Hubo una primera expresión del mismo, acuñada en el siglo tercero, que decía ”no podéis vivir entre nosotros como judíos”, es decir, los judíos sólo podían vivir en el Occidente cristiano si se convertían. A esta sigue otra, en los albores de la modernidad, que les dice “no podéis vivir entre nosotros”, es decir, había que expulsarles. Hitler remata el proceso con un definitivo “no podéis vivir” y por eso fueron exterminados. Ese discurrir histórico está movido por un antisemitismo de origen religioso (3).

14/1/26

El fantasma del autoritarismo recorre el mundo

             Un fantasma recorre el mundo. No tiene un nombre claro porque está compuesto de materiales diversos y contradictorios. Unos le llaman autoritarismo, otros populismo o extrema derecha. Su exponente más conocido es Donald Trump, el que acaba de secuestrar porque sí a todo un Presidente de un Estado Soberano, pero sería peligroso reducir el fantasma al Presidente Estadounidense, como lamentable sería situar todo este movimiento en un extremo del tablero, en la extrema derecha. Los alemanes, que llevan años observando este fenómeno, han creado una casilla específica para este fin y la llaman “estudios del centro”, porque alcanza a las clases medias y afecta a zonas vitales de la cultura democrática.

            En francés, inglés, alemán o italiano hay cantidad de trabajos serios sobre este escurridizo tema que, en castellano, queda devaluado, entre tertulianos, a tópicos ruidosos, y, entre políticos, a munición dialéctica para atacarse.

28/12/25

El nacionalismo, expresión autoritaria de la pertenencia

Introducción

1. Hemos analizado el autoritarismo desde múltiples perspectivas:  psicológicas, ontológicas, morales, políticas. Cabría otra, más trasversal, como la que representa el nacionalismo entendido como ese élan histórico que lleva a conformar la necesidad de pertenencia en figuras como la polis, el Estado, la nación o la patria que no sólo cuestionan el lugar del  mismo (del miembro de la comunidad) sino también la del otro (del extranjero).

A Isaiah Berlin le llamó la atención el hecho de que, en la historia de las ideas modernas, nadie supiera prever la irrupción del nacionalismo. Se esperaban otras ideas y otros debates (que si conflictos entre las Luces y los mitos, que si la lucha entre clases, que si la guerra entre antiguos y modernos…) pero el que se impuso a partir del siglo XIX fue el nacionalismo. Otro tanto ocurrió tras la caída del muro de Berlín. El fin de la guerra fría, que dividió al mundo en dos bloques durante 75 años, debía dar origen a los planteamientos universalistas o globales. Ocurrió eso pero sólo con el dinero. Los pueblos, sin embargo, lo que cultivaron fue el nacionalismo. Algo parecido está ocurriendo hoy cuando la extrema derecha en el mundo está imponiendo la agenda política: el tema estrella, como se ve en el debate en torno a la migración, es la identidad colectiva.