El “Instituto de la esperanza” es la creación de uno de los franceses más ricos, Vincent Bolloré, destinado a dar ideas para la reconstrucción de la Francia católica, ahora en peligro. Dice que es apartidista pues lo que le mueve es “el combate por Cristo”, lo que no quita para que cada uno de los políticos u hombres de negocio que a él se acerca, salga con un libretto de 36 páginas donde se le explica que las “raíces cristianas de Francia” abocan a un programa electoral donde figuran objetivos como poner punto final al proyecto de la Unión Europea, la prioridad nacional, levantar muros frente a los emigrantes, aumentar la jornada laboral y posponer la edad de la jubilación. Es decir las propuestas de este poderoso think tank que bebe de las esencias católicas coinciden substancialmente con las de la extrema derecha, pero con la pretensión añadida de convertirla en la derecha de Dios.
MEMORIA Y POLÍTICA
Un observatorio atento a los desarrollos multidisciplinarios de la cultura anamnética, particularmente en la relación de la memoria con la política, la moral, el derecho, la religión, la literatura y las artes escénicas. Este blog incluye una recopilación de trabajos de Reyes Mate (artículos, conferencias, reseñas ya publicados y textos inéditos). Posteriormente acogerá trabajos de otros autores.
4/10/26
13/9/26
LA MEMORIA QUE SE EMANCIPA DE LA HISTORIA
Se me pregunta por la dimensión pública de la memoria (configura identidades) y su dimensión moral (mantiene vivas las injusticias no saldadas). Todo ello sin olvidar su dimensión histórica (la memoria ¿mira al pasado o al futuro?) o, incluso, jurídica (nombra lo impensable desde que la memoria de Auschwitz generó nuevas figuras delictivas, como “genocidio” o “crimen contra la humanidad”). Porque sin memoria, el pasado queda incompleto; sin su impulso, el futuro corre el riesgo de repetir lo peor.
DOS LENGUAJES DEL PASADO: HISTORIA Y MEMORIA EN
CONFLICTO
Todas
son cuestiones de un grosor filosófico indiscutible que invitan a entrar en
ellas sin más dilación. Pesa en cualquier caso la experiencia repetida de una
profunda incomunicación entre la historia y la memoria, entre el discurso del
historiador y el del filósofo de la memoria. El lugar que reserva la historia a
la memoria (lo privado y subjetivo) le resulta a esta inhóspita, igual que son
inaceptables para la historia algunas tesis de la memoria (tener que oír, por
ejemplo, que “el mayor narcótico del siglo XIX ha sido la pretensión de conocer
las cosas tal y como han sido” o que “la pretensión de la historia de ser
ciencia se paga con el olvido de lo memorable”).
Es innegable que desde hace un tiempo la memoria cotiza al alza. Se habla mucho de memoria y eso ha provocado un evidente malestar entre los historiadores, que durante mucho tiempo –pero sobre todo desde el siglo XIX- pastoreaban el pasado con absoluta autoridad pues habían establecido la tesis de que su conocimiento riguroso era cosa de la historia, relegando la memoria al ámbito de la vivencia subjetiva (privada, pues, de cualquier alcance objetivo). Eso es lo que ha cambiado: la memoria se presenta como conocimiento y no solo como vivencia, al tiempo que ha desbordado la subjetividad del sentimiento para hacerse presente como un condicionante material de la política (no hay más que ver las leyes de memoria histórica que han clausurado el “echar al olvido” el pasado que pedían los historiadores en tiempo de la transición política española).
Ante una situación así caben dos estrategias: tratar de conciliar historia y memoria, reconociendo sus diferencias, pero aceptando su complementariedad (que es lo que se suele hacer) o bien ahondar en la diferencia partiendo del hecho de que lo que les distingue no son distintas funciones sociales, ni siquiera distintas aproximaciones a la realidad (científica, la de la historia; sentimental, la de la memoria), sino distintas ontologías y epistemologías. Al concepto de historia subyace una concepción del mundo totalmente distinta de la que sustenta la memoria. Y esa diferencia en la concepción de la realidad afecta al modo de conocimiento atribuible a una y otra.
30/7/26
El fútbol da la hora con adelanto
Un Mundial de fútbol es una inmensa carpa en la que se dan cita todas las emociones que recorren a los habitantes del planeta. Con cada balón ruedan expectativas y frustraciones tanto personales como políticas, por eso los brasileños prefirieron en un tiempo el triunfo de la selección de fútbol a la solución de sus problemas materiales; por eso para los argentinos cada encuentro con los ingleses es un encontronazo, con las Malvinas al fondo, que aspira a resolver con un balón de aire lo que las armas de fuego les negaron. Los españoles no pueden olvidar el consuelo que supuso el triunfo del 2010 en pleno desastre económico. El fútbol es más que un juego por eso ha provocado tantas lecturas sobre el alcance de sus múltiples significados.
16/7/26
El cabo que lanza el Papa a España
El Congreso de los Diputados invitó a León XIV a hablar en el Parlamento y el Papa devolvió el favor, en un discurso por todos aplaudidos, haciendo una mención a la Escuela de Salamanca, es decir, a lo que supuso España en la configuración de un nuevo orden mundial. Esa alusión ha pasado prácticamente desapercibida, siendo vista, en el mejor de los casos, como un gesto de cortesía. No se ha visto su intencionalidad práctica, es decir, su carga de actualidad porque la tradición que esa Escuela puso en marcha no ha llegado hasta nosotros. Rota su continuidad, queda reducida a una anécdota del pasado.