Es indiscutible que el interés
por la memoria cotiza al alza. Resultaría abusivo decir, sin embargo, que la
nuestra es una era de la memoria, pero sí que cada vez está más presente. Habida cuenta de que lo que ha dominado
durante siglos era el olvido, este cambio puede ser considerado epocal.
Las razones de ese cambio son muchas
pero me arriesgo a pensar que la fundamental ha sido el cambio mismo en el
significado de memoria. Digamos que hay muchos tipos de memoria: de memoria, en
efecto, habla la historia, literatura, el arte, la teología o el psicoanálisis.
Ahora bien donde se ha producido el gran cambio ha sido en la filosofía, por
eso hay que relacionar el prestigio actual de la memoria con sus nuevos
contenidos y cometidos filosóficos.
Ese cambio, que es complejo,
puede expresarse brevemente diciendo que si la memoria de los antiguos y la de
los modernos era aposteriori, la
nuestra es apriori. Expliquemos esto.