No
hace muchas fechas el profesor español en Berlín, Ignacio Sotelo, recensionaba
los primeros volúmenes de una colección española dedicada a "filosofía de
la religión" (1). Visto desde la distancia lo que más le llamaba la
atención era el retraso de siglos con que finalmente se cultivaba en España ese
género académico. Y pedía, a modo de crítica, que no se olvidara a la hora de
asumir esa corriente filosófica la pregunta de por qué no fue posible en España
una filosofía de la religión hace dos siglos. La respuesta a esta última
cuestión nos obligará a superar el marco de la actualidad para mirar de reojo
hacia atrás.
Estamos
asistiendo en España a un interés creciente, aunque de proporciones modestas,
no sólo por la filosofía de la religión sino por el cultivo de los estudios
sobre la religión realizados desde diferentes perspectivas. Se ha creado en la
Universidad Complutense un Instituto de Ciencias de las Religiones; el Instituto
de Filosofía del C.S.I.C. nace, en 1985, con un área dedicada a la filosofía de
la religión; los departamentos universitarios van creando espacios docentes
para el estudio de la religión, por no citar el abundante material
bibliográfico impulsado desde editoriales del más variado signo ideológico.
Vamos,
en primer lugar, a exponer cómo se está recepcionado esa afición por la
religión para analizar luego la pregunta de por qué no ha sido posible antes.