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28/1/19

La autoridad política del sufrimiento


            Los “chalecos amarillos” han aparecido de repente sin grandes palabras. No llaman a la subversión ni convocan revolucionarias utopías. Sólo quieren vivir porque ven que sus condiciones de vida son en un tormento. Su palabra más fuerte es el manso término de sufrimiento que se ha convertido en el verdadero estandarte del movimiento. Quieren cambiar sus vidas dejando hablar al sufrimiento.

            Quizá siempre haya sido así. El sufrimiento que provoca el hambre, por ejemplo, puso en marcha la historia revolucionaria y, hoy en día, impulsa el cortejo migratorio de millones de personas. Pero hay algo que diferencia lo que está ocurriendo ante nuestros ojos de lo que nos han contado: no están dispuestos a canjear el relato del dolor que les causa el vivir por una ideología política o filosófica que se lo gestione.

5/6/17

Armas que sobran, palabras que faltan

            La entrega definitiva de sus armas, tras siete años sin violencia, carece de valor en sí misma. En nada limita la capacidad de fuego de ETA, ya extinta, ni aporta algo a la lucha antiterrorista que ha ganado la batalla a los violentos. Tiene, eso sí, un valor simbólico. Es un gesto público destinado a ser canjeado sea por beneficios penitenciarios para los presos etarras, sea por un relato de su historial que mejore el lugar de la organización y, sobre todo, de los entornos favorables con los que ha contado en el pasado y en el presente. Son muchos los que necesitan lavar su compresión, su silencio o su indiferencia.

            Por lo que respecta a la política penitenciaria, debería estar guiada por el principio de aliviar al máximo el sufrimiento causado por la pena, independientemente del desarme. Es un principio humanitario que tiene un largo recorrido porque si se les acerca al País Vasco o se les mejora la situación carcelaria para que ellos y los suyos sufran menos, se les podrá entonces exigir que ellos contribuyan en nombre del mismo principio a aliviar el sufrimiento de las víctimas y sus familiares en orden, por ejemplo, a la reconstrucción de la verdad. Decir dónde y cómo murieron algunas de esas víctimas no tendría que ser visto como delación sino como expresión del mismo ideal humanitario que a ellos beneficia.