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21/5/22

En mayo, con libros a porfía

            El mes de mayo nos trae, con las flores, la oferta de libros como regalo de primavera. Vienen casi de puntillas, como pidiendo permiso, por si molestan. Si comparamos la llamada de los libros con la de cualquier otro producto que se nos vende en un supermercado, ya sean tarros de mermelada o un exprimidor de naranjas, advertiremos que los libros están quietos en sus estanterías y sólo enseñan el lomo; los tarros o electrodomésticos aparecen erguidos, desafiantes, como queriendo asaltarnos o tirarnos de la chaqueta para que nos detengamos. Los libros son mansos; las mercancías, agresivas.

10/6/19

Figuras políticas memorables


            El pueblo es un cuerpo vivo cuyas reacciones son a veces sorprendentes porque se salta el guión previsible. Ha ocurrido recientemente con la muerte de Alfredo Pérez Rubalcaba. Ha habido un estallido emocional que va más allá de una sentida manifestación de duelo. Se ha dicho que Rubalcaba, junto a Adolfo Suárez, han concitado las únicas manifestaciones unánimes de españoles en la democracia. Y eso sí que es excepcional.

            Como no abunda este tipo de símbolos conciliadores entre nosotros, conviene prestarles atención cuando uno se insinúa. Porque si en esta dura piel de toro -que tanto sabe de cainismo y tan ducha es en convertir la rivalidad política en manifiesta enemistad- algo así ocurre es porque se necesitan personajes públicos que transciendan los cultos partidarios. Lo que a ellos adjudicamos es lo que echamos en falta. ¿Y qué es eso?

20/6/16

Tradiciones que todavía hablan

            El acueducto de Segovia o el coliseo de Roma cuentan sus años por milenios, pero fuera de las piedras es difícil encontrar instituciones vivas que vengan de tan lejos. Hay algunas como, por ejemplo, la Orden de Predicadores fundada por el español Domingo de Guzmán que este año celebra sus 800 años de existencia. Para nuestro tiempo, especializado en la “obsolescencia programada”, resulta extraño que haya algo así como una tradición viva empeñada en trasmitir para gente de hoy códigos de conducta y formas de vida venidos del siglo XIII.

            Es lógico que sus miembros se pregunten por el sentido que puedan tener hoy aquellos ideales, pero esta sociedad nuestra haría bien en pararse un momento y preguntarse si ese modo de vida que encarna una tradición como ésta es algo definitivamente superado o algo que hemos perdido con la evolución de los tiempos. Si lo hemos perdido nos habríamos empobrecido y cabría preguntarse si es recuperable o no.