EH Bildu
acaba de pedir disculpas por “no haber estado al lado de las víctimas de Eta” y
también porque con su “actitud política han agravado el dolor de estas
personas”. Es un paso más en el proceso crítico que llevan haciendo desde el
final de Eta hace un par de años.
Al
reconocer que es “un paso más” están dando a entender que eso no basta, algo
que le han recordado las víctimas. Al fin y al cabo el mundo representado por
estas organizaciones era el que suministraba legitimación ideológica o incluso
la logística imprescindible para la perpetración del crimen. Entonces, ¿qué es
lo que falta?
Las
palabras tienen su tiempo, por eso hay momentos en que son plenamente
significativas y, otros, en los que nos resultan agotadas y agostadas.
Lamentar, por ejemplo, “no haber estado del lado de las víctimas” hubiera
tenido grandeza moral si hubiera sido dicho cuando las víctimas eran asesinadas
y la familia tenía que enterrar a sus muertos en la clandestinidad porque ni la
iglesia les acompañaba. Pero esas mismas palabras, dichas hoy, cuando Eta ha
sido derrotada y ellos han descubierto la ganancia electoral que les reporta el
abandono de la violencia, son claramente insuficientes, aunque no superfluas.