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19/12/21

TIEMPOS DE COMPASIÓN

             El último tercio de los ochenta ha supuesto la invasión del pensamiento postmoderno. Que sea il pensiero debole italiano, o la postmodernité francesa o el neopragmatismo americano, por no citar a las corrientes antimetafisicas del Viejo Mundo o al pensamiento neoconservador del Nuevo, todos coinciden en señalar el fracaso del sueño ilustrado entendido como la organización racional -y por tanto universal- de la sociedad en todos sus ámbitos, fundamentalmente el científico, el ético y el político.

             Ahora parece estar definitivamente claro que no hay "razón unificadora" que valga sino "discursos fragmentarios"; no hay ética solidaria sino por el contrario morales del egoísmo o del amor propio y la política es definitivamente una estrategia de poder.

10/11/21

Apuntes para una ética compasiva

             1. Es un tema que no se lleva o que tiene mala prensa entre los filósofos pero que a mí siempre me ha acompañado. Intenté una aproximación en el año 1988, en la revista Razón y Fe, titulado "Por una ética compasiva" y ahora aprovecho la ocasión que me brinda este curso del Centro de Estudios Judeo-Cristianos para seguir reflexionando sobre este particular.

            Dos de los filósofos que más simpatizan con el tema, Horkheimer y Adorno,  resumen así lo que se dice en filosofía: "La compasión es menos que una virtud: es una debilidad nacida del miedo y de la infelicidad". Spinoza, Kant, Sade o Nietzsche rivalizan en el descrédito de un sentimiento "que no se tiene en pie ante la filosofía" y que "no puede reclamar para sí la dignidad de la virtud" (Kant). No tiene ni entidad ni virtud.

21/12/17

El declive del patriotismo

            Para dar réplica a los sueños soberanistas que en su momento alimentó el lendakari Juan José Ibarretxe, José María Aznar armó un “bloque constitucionalista” al que invistió, para dotarle de mayor empaque, con la autoridad de la expresión “patriotismo constitucional”, una concepto que venía de Alemania y que había popularizado su intelectual más destacado, Jürgen Habermas.

            La verdad es que si hubieran entendido el contexto alemán del término no hubieran invocado su patronazgo tantos entusiastas españoles. Porque de lo que en realidad se trataba era de cuestionar el patriotismo.

25/10/17

Deber de memoria

            No nacemos inocentes. Cada generación llega al mundo con una responsabilidad heredada. Sobre nosotros, los nacidos después de Auschwitz, pesa el deber de memoria que no consiste en acordarse de lo mal que lo pasaron los judíos en los campos de exterminio, sino en la obligación de reflexionar sobre la historia política europea que llevó a la catástrofe.

            Sabemos hoy que el ser humano hizo lo que no había sido capaz de pensar ni de imaginar. El deber de memoria nos pide revisar cada una de las piezas que llevaron al proyecto de exterminio y valorarlas a la luz de lo que se hizo aunque no se pensara. Historiadores y filósofos coinciden en que una de esas piezas, quizá la más importante, fue el nacionalismo.

11/10/17

Sin rumbo

            Nos preguntamos perplejos cómo hemos podido llegar hasta aquí, y no hay respuesta. Algo hemos hecho mal para que hayan caído, una tras otra, las barreras que nos defendían del abismo. Pero ahí estamos, en plena caída.

            Como los pasos que hemos dado no son verdades sino errores, no son conquistas civilizatorias sino tumbos hacia el desastre, cabe rectificar. Ha llegado la hora de volver sobre nuestros pasos y preguntarse qué hemos hecho mal. Y esto nos afecta a todos, sobre todo a los que toman decisiones políticas y también a los que crean opinión pública. Y, para empezar por uno mismo, me pregunto cómo hemos permitido que el nacionalismo disfrute de prestigio alguno. Es una pregunta que afecta en primer lugar a los intelectuales cuya tarea consiste en sopesar la calidad moral de los productos políticos en circulación.

12/10/16

Apuntes sobre la ética compasiva*

            Quiero agradecer a Sebastián de la Obra y Tomás Valladolid la oportunidad que me han dado de detenerme en un tema que siempre me ha acompañado pero en el que no me había detenido expresamente, a excepción de un breve artículo publicado en el año 1988, en la revista Razón y Fe, titulado "Por una ética compasiva".

            1. Es un tema que no se lleva o que tiene mala prensa entre los filósofos. Dos de los filósofos que más simpatizan con el tema, Horkheimer y Adorno, resumen así lo que se dice en filosofía: "La compasión es menos que una virtud: es una debilidad nacida del miedo y de la infelicidad". Spinoza, Kant, Sade o Nietzsche rivalizan en el descrédito de un sentimiento "que no se tiene en pie ante la filosofía" (Sade o Nietzsche), que "no puede reclamar para sí la dignidad de la virtud" (Kant).  No tiene ni entidad ni virtud. Para toda la Modernidad la compasión es sospechosa de flojera: frente a la justicia se pueden poner algunos parches pero no acabar con ella.
            Pero a lo mejor hay otra consideración, harto diferente, tras ese desprecio por la compasión. Compasión rima con infelicidad. Y como toman la infelicidad como una vergüenza, no pueden aceptar la compasión, que el hombre sea compadecido. Lo que hay tras el desprecio de la compasión es una apología del poder. Recordemos el film Exodus. La valoración de los personajes está hecha sub specie progressus. Por si faltaba algo para desacreditar el término compasión, ahí está el que fuera presidente de EEUU, Bush hijo, presentando su estrambótica política como resultado de un "proyecto compasivo"...

20/5/15

Alegato a favor de una estructura ética de la especie

            Un buen planteamiento de los problemas supone ya media solución o, mejor dicho, la solución de un problema depende de cómo se plantee. Se puede dar solución a lo que se entiende que es problemático pero lo que no plantea problemas no merece solución. Comienzo esta reflexión con esta declaración, tan solemne como banal, para dar a entender que el vasto mundo de eso que llamamos bioética sólo tiene ojos y oídos para un determinado campo problemático, dejando fuera de su consideración otro que yo considero previo y determinante.

1. La bioética se ocupa de las relaciones entre biología y ética, es decir, de los conflictos morales  que puede plantear la investigación sobre el cuerpo humano. Esos conflictos tienen como marco o límite, por un lado, la manipulación genética, y, por otro, los derechos humanos. La prensa nos sirve periódicamente sonoros titulares que son conflictos entre la ciencia y la moral, ya sea en torno a la clonación de embriones, la reproducción asistida mediante el recurso a células madres embrionarias, etc. Lo que es conflictivo en todos esos casos es el choque de dos lógicas: por un lado, la del científico que quiere investigar, la de la ciencia que quiere seguir conociendo, y, por otro, la de la moral que aboga por los derechos del ser humano que es objeto de conocimiento o de manipulación científica. Por eso digo que el campo problemático viene decidido por dos supuestos que entran en conflicto: que todo puede ser conocido (supuesto científico) y que enfrente tenemos a un ser humano (supuesto moral).

            Si esos son los términos del conflicto, el debate tiene que concentrarse sea en la naturaleza humana o no del objeto de la investigación científica (el gen, la célula madre embrionaria, el embrión ¿son o no son persona?) o en el cuestionamiento del supuesto científico de que el conocimiento es bueno de por sí. El enorme prestigio de la ciencia no facilita el cuestionamiento de este segundo supuesto con lo que todo el debate se centra en si el material u objeto de la investigación científica es o no persona. Porque en lo que todo el mundo parece de acuerdo es que con la persona humana no se juega, quiero decir, no se la manipula. Es lo que, más elegantemente, dice la declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos, aprobado por la Unesco, en noviembre de 1997: No deben permitirse las prácticas que sean contrarias a la dignidad humana, como la clonación con fines de reproducción de seres humanos.