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4/10/26

La derecha de Dios

            El “Instituto de la esperanza” es la creación de uno de los franceses más ricos, Vincent Bolloré, destinado a dar ideas para la reconstrucción de la Francia católica, ahora en peligro. Dice que es apartidista pues lo que le mueve es “el combate por Cristo”, lo que no quita para que cada uno de los políticos u hombres de negocio que a él se acerca, salga con un libretto de 36 páginas donde se le explica que las “raíces cristianas de Francia” abocan a un programa electoral donde figuran objetivos como poner punto final al proyecto de la Unión Europea, la prioridad nacional, levantar muros frente a los emigrantes, aumentar la jornada laboral y posponer la edad de la jubilación. Es decir las propuestas de este poderoso think tank que bebe de las esencias católicas coinciden substancialmente con las de la extrema derecha, pero con la pretensión añadida de convertirla en la derecha de Dios.

23/3/26

Autoritarismo y olvido en la transición política española

            1. La transición política española se hizo bajo el signo del olvido o, mejor, de “echar al olvido” pues no se trataba de un olvido involuntario sino querido. Lo que se quería dar a entender con esa expresión es que se rechazaba dar significación política al pasado. Paz por olvido que es, según Slomo BenAmi, la fórmula más exitosa en casos de transición de sistemas dictatoriales a democráticos.

 Si nos preguntamos que por qué se hizo así, habría que recordar que fue porque esa fórmula encontró más consenso que otras, que fueron descartadas. Antonio G. Santesmases explica en su estudio “Memoria y olvido en la transición política española” (colaboración en el libro colectivo Memoria Democrática. Una necesidad para una ciudadanía informada y crítica) que, tras la muerte de Franco, se abrieron tres caminos: en primer lugar el continuista. Un franquismo sin Franco, con los mismos principios del régimen franquista, sin partidos, ni parlamento, ni sindicatos, ni elecciones libres. Es el que representó Arias Navarro que no contentaba, si exceptuamos a los militares, ni a los del régimen. En el polo opuesto, el camino de la ruptura. Despido y condena del régimen anterior, abriendo un tiempo constituyente donde el pueblo pudiera elegir entre monarquía o república, así como decidir el modelo de organización territorial previo uso del derecho de autodeterminación. No estaba el país para tanto vértigo ni la relación de fuerzas, habida cuenta del poder fáctico, para tales aventuras. Se optó finalmente por la tercera vía, la reformista que constaba de una monarquía constitucional, un Estado de las Autonomías y una democracia liberal.