4/10/26

La derecha de Dios

            El “Instituto de la esperanza” es la creación de uno de los franceses más ricos, Vincent Bolloré, destinado a dar ideas para la reconstrucción de la Francia católica, ahora en peligro. Dice que es apartidista pues lo que le mueve es “el combate por Cristo”, lo que no quita para que cada uno de los políticos u hombres de negocio que a él se acerca, salga con un libretto de 36 páginas donde se le explica que las “raíces cristianas de Francia” abocan a un programa electoral donde figuran objetivos como poner punto final al proyecto de la Unión Europea, la prioridad nacional, levantar muros frente a los emigrantes, aumentar la jornada laboral y posponer la edad de la jubilación. Es decir las propuestas de este poderoso think tank que bebe de las esencias católicas coinciden substancialmente con las de la extrema derecha, pero con la pretensión añadida de convertirla en la derecha de Dios.

            Esta idea de convocar el sentimiento religioso para aupar a políticas conservadoras o reaccionarias, no es nuevo. Sucede normalmente cuando el último obstáculo para que triunfen, son valores vinculados a la visión cristiana del mundo (es lo que el documento de marras llama FDM, esto es, “Fuerzas del Mal”). Hay un precedente de este tipo de estrategias ideológicas que apelan a guerras santas para vencer resistencias que obstaculizan intereses muy mundanos. Me refiero al informe que la Fundación Rockefeller preparó para el Presidente Nixon en 1969. A ese informe, que tan decisivo fue para el triste destino de muchos países latinoamericanos, tenía el inocuo título de “La calidad de vida en las Américas”. Había preocupación en Washington por los movimientos populares en América Latina y para allá se fue uno de los Rockefeller, Nelson, a la sazón Gobernador de Nuevo York. No tardó en descubrir que lo que animaba esa agitación eran ideas cristianas, inspiradas en la teología de la liberación, que había que neutralizar inmediatamente porque “más peligrosas que las revoluciones armadas son las creencias que se ponen del lado de los pobres”. El informe proponía como solución contrarrestar esas ideas, primero desacreditándolas, y, luego, financiando “sectas fundamentalistas provenientes del pentacostalismo estadounidense”, es decir, grupos religiosos identificados con el capitalismo, el patriotismo americano y que no hicieran asco a las dictaduras. Su éxito fue espectacular: consiguió que hasta en Roma durante los tiempo del Papa polaco, Karol Wojtyla, y del alemán, Joseph Ratzinger, se persiguiera esa teología, por no hablar de la implantación de esos grupos protestantes con programas de ayuda material y lavado de cerebro. Hay que reconocer de todas formas que su mayor éxito es invisible. Sabemos, en efecto, que la cuna del capitalismo fue el calvinismo. Su idea de que la angustia ante el destino incierto que nos espera después de la muerte sólo podía calmarse con una señal, a saber, el éxito en esta vida, llevó a aquella gente a trabajar sin descanso, a producir y acumular riqueza, desde una ética del ahorro y la austeridad. El calvinismo puso en el pasado en marcha el capitalismo pero había llegado a un punto en el que la ética protestante era un obstáculo para el enriquecimiento. Había que convencer a la gente que la nueva ética tenía que ver con el gasto y el consumo y no con el ahorro y la austeridad. El capitalismo necesitaba universalizar la tarjeta de crédito con la que se gasta lo que no se tiene. Para ese salto mortal se necesitaba el concurso de la religión. Con razón se dice que en ese momento surge “el capitalismo como religión”, porque nos hace creer que la felicidad consiste en el consumo generalizado.

            La situación actual es muy diferente. La extrema derecha no parece que necesite de Dios para maldecir la existencia de la Unión Europea o proclamar la prioridad nacional. Es cierto que a Trump le gusta que le bailen el agua pastores protestantes, siempre que sean blancos, y que a Bolloré no le faltan clérigos católicos que pastorean a su gente. ¿Por qué, si no los necesitan, invierten tanto para tenerlos de su lado? Pues por algo que vio muy bien Rockefeller, a saber, que la gran amenaza al capitalismo neoliberal y al prestigio del consumismo, viene de ideas muy simples que pronunciaron los profetas de Israel y recogió el más grande de entre ellos, Jesús de Nazareth. Dicen que hay que tratar al extranjero como si fuera de casa y cuidar del huérfano, de la viuda y del pobre. En un momento en el que ideologías subversivas, como el marxismo, andan de capa caída y otras, como la socialdemocracia, caminan lastradas por fuerzas contrarias, como el nacionalismo, estos zares de la extrema derecha, como el francés Bolloré, quieren taponar la vía que puede poner en peligro el suculento negocio. ¿Sobreestiman el poder del evangelio? George Borrow, el famoso viajero inglés que vino a España a regarla de Biblias, cuenta que, como la gente no tenía el menor interés, dejaba caer al borde de los caminos ejemplares de los evangelios, esperando que algún curioso le abriera y quedara imantado por la fuerza de su mensaje. Esa fe que animaba a Don Jorgito el inglés, es lo que se temen los Rockefeller, Trump o Bolloré.

Reyes Mate (El Norte de Castilla, 20 de septiembre 2026)