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14/10/22

Nadal, déjalo ya

             Hace unas semanas Rafael Nadal recogió sus bártulos de jugar a tenis y nos dijo adiós. “Necesito”, dijo, “volver a casa. Tengo cosas mucho más importantes que el tenis que atender”. El hombre que durante años nos ha acompañado hasta en la intimidad con una raqueta de tenis, se iba del US Open porque tenía cosas que hacer mucho más importantes que dar raquetazos a una bola.

             A todo el mundo le ha ocurrido esto de abandonar un partido de fútbol con los amigos porque algo serio ocurría en su casa, pero que Rafael Nadal, el héroe tenista que nos ha redimido de tantos sinsabores, nos deje porque en su vida hay algo más importante que jugar y ganar, nos ha llenado de estupor.

7/7/14

El discapacitado, diferente pero no inferior

                   Un ciego puede ser juez. A esta brillante conclusión llegó recientemente el Consejo General del Poder Judicial tras debatir concienzudamente si el invidente Pérez Castellanos, un vallisoletano, podía o no podía ser juez.

            Sorprende que los magistrados del CGPJ tuvieran tantas dudas y tardaran nueve meses en tomar una decisión. Digo que sorprende porque desde antiguo se representa a la justicia como una dama con los ojos vendados, empuñando con la mano derecha una espada mientras sostiene con la izquierda una balanza. La venda y la espada están ahí para simbolizar y defender la imparcialidad de la justicia.

            Ahora bien, si la venda que vela la visión se ha hecho sospechosa ¿es porque los jueces han renunciado a la imparcialidad? No ha mucho el ex-fiscal anticorrupción, Jiménez Villarejo y el magistrado Doñate Martín, firmaban un libro sobre la justicia española titulado Jueces, pero parciales. Sería terrible que esa fuera la explicación. Aún reconociendo sonoros casos de manifiesta parcialidad, la explicación más ajustada a los titubeos del Poder Judicial sobre la idoneidad de un invidente para impartir justicia hay que buscarla, empero, en la valoración social de la ceguera.