Mostrando entradas con la etiqueta pluralidad de discursos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pluralidad de discursos. Mostrar todas las entradas

15/5/20

El precio de la normalización(1)


            1. La frase del abulense Jorge de Santayana –“los que no recuerdan su pasado están condenados a  repetirle”-  que de tanto repetirla nos parece indiscutible, es todo menos evidente y lo que sí es, desde luego, es una novedad. Lo que se lleva en la teoría y en la práctica es lo que decía Nietzsche, “que para vivir hay que olvidar”. Europa, cuna de la filosofía, está dominada por una cultura donde lo que importa es el presente. La construcción de un sujeto autónomo que controle su destino, tan caro a la filosofía, necesita desprenderse de toda coacción exterior a su libertad, llámese Dios, naturaleza o historia.

Eso no significa que el presente y quienes le gestionan se desentiendan del pasado. Al contrario. Con él han amasado unas “políticas de la memoria” que dice mucho de su importancia siempre, eso sí, que esté al servicio del presente. Nadie expresa mejor esta necesidad de instrumentalizar el pasado que Ernest Renan, el autor de La Nation, santo y seña del nacionalismo, cuando dice que la piedra sobre la que aquélla se construye no es tanto compartir recuerdos cuanto olvidos. Los recuerdos pueden venir sin esfuerzo; estos olvidos, en cambio, tienen que ser provocados.

13/9/17

Veinte años después, el mito de la pluralidad de relatos

            Aquel día, 13 de julio de 1997, empezamos a entender algo que nos negábamos a reconocer, a saber, que matar a alguien por una idea no era defender un ideal político sino cometer un crimen. Muchos tibios dentro y fuera del País Vasco comenzaron a tomar posición contra el crimen; y a los círculos concéntricos que habían sostenido la violencia terrorista (iglesia vasca, intelectuales o artistas) les entró la duda de si aquello iba a alguna parte. Hoy veinte años después del asesinato de Miguel Ángel Blanco apenas si hay quien justifique el terrorismo.

12/9/17

La autoridad de las víctimas (*)

            Víctimas ha habido siempre pero eran insignificantes. Sabemos que la historia de la humanidad se ha construido sobre los sufrimientos de los más débiles pero no lo dábamos importancia porque era el precio del progreso. Y, sin ir tan lejos, hemos visto cómo en estas tierras durante mucho tiempo se enterraban a las víctimas del terror en silencio, privatizando el dolor, como si el crimen fuera un accidente carente de cualquier significación pública.

            No se puede decir que la banalización del sufrimiento, en un caso, y la privatización, en el otro, nos haya hecho mejores. Si la gran historia sigue avanzando sobre cadáveres, la cercana, tan empeñada en pasar página, corre el riesgo de entregar su futuro a quienes han tachado de su agenda el sentido de la responsabilidad por el pasado. Lo que en este caso tienen en común la gran historia y la de nuestro pueblo es  hacer inútil todo el sufrimiento acumulado.