1. La transición política española se hizo bajo el signo del olvido o, mejor, de “echar al olvido” pues no se trataba de un olvido involuntario sino querido. Lo que se quería dar a entender con esa expresión es que se rechazaba dar significación política al pasado. Paz por olvido que es, según Slomo BenAmi, la fórmula más exitosa en casos de transición de sistemas dictatoriales a democráticos.
Un observatorio atento a los desarrollos multidisciplinarios de la cultura anamnética, particularmente en la relación de la memoria con la política, la moral, el derecho, la religión, la literatura y las artes escénicas. Este blog incluye una recopilación de trabajos de Reyes Mate (artículos, conferencias, reseñas ya publicados y textos inéditos). Posteriormente acogerá trabajos de otros autores.
23/3/26
Autoritarismo y olvido en la transición política española
3/9/24
El Abrazo
El Abrazo es el título de un cuadro del pintor Juan Genovés que figura en el Congreso de los Diputados en un lugar de honor porque representa bien el espíritu del consenso que presidió la transición. Ese consenso, por el que algunos suspiran hoy, suele asociarse a un tiempo bonacible y presto al entendimiento. Nada más lejos de la realidad. El Abrazo costó sangre y aquel consenso fue el resultado de un doloroso proceso crítico. No podemos pues hoy suspirar por la convivencia, ahorrándonos ese trabajo de revisión de las propias certezas. No se sale de la polarización reinante con un suspiro nostálgico sino con un talante autocrítico.
1/11/21
Memoria y construcción política
1. La democracia en España padece una severa crisis institucional. No hay más que ver la valoración que se tiene de los políticos, jueces, obispos o banqueros. Basta echar una mirada a la monarquía o las noticias sobre el soberanismo catalán para entender que la democracia hacía aguas por todos los costados: desde luego por el institucional, pero también por la base, ¿cómo, si no, entender que políticos corruptos sean votados por mayorías absolutas?
El peligro de la crisis actual es echar la culpa a las instituciones. Convendría entonces darse un paseo por El Inspector, la obra teatral de Gogol, escrita hace casi doscientos años en la lejana Rusia, pero de plena actualidad aquí. El argumento versa sobre el mundillo político en provincias, sacudido de repente por el anuncio de un inspector enviado para valorar la situación. La gracia del enredo está en que los políticos corruptos confunden al temido inspector con un inocente perillán sorprendido por los halagos y favores con los que el alcalde y su cohorte quieren comprarle. Se deja ir, aprovecha la ocasión y se va colmado de gracias. Mientras los políticos se pavonean de cómo se lo han ganado, reciben el aviso de que el inspector de verdad acaba de llegar. Momento grandioso de la obra es cuando el alcalde se vuelve a los espectadores que han estado riendo todo el tiempo, porque ellos sí sabían que los políticos estaban poniendo los huevos en el cesto equivocado, y les espeta a la cara "pero ¿de qué os reís? ¡os estáis riendo de vosotros mismos!".