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22/12/25

Adviento, palabra en desuso

            Advenir es sinónimo de llegar con el matiz de que lo que haya de venir o advenga, no nos cae como un pedrisco sino que es esperado activamente. Si el adviento, tiempo de esperanza, está en desuso, es porque esto de la espera activa o creativa ya no se lleva. Decía recientemente Iñaki Gabilondo que los únicos que hoy hacen gala de esperanza son los que nada esperan. Se refería a esa ola conservadora que inunda Europa para la que el único futuro es el pasado. Lo que ponen por delante es lo que debería haber quedado atrás.

             No siempre fue así. Después de la II Guerra Mundial hubo un tiempo de esperanza que duró hasta los años setenta. Tanto la socialdemocracia, como la democracia cristiana y hasta el capitalismo estaban animados por el firme convencimiento de que el futuro tenía que ser mejor que el pasado. Es verdad que se partía de muy poco y de muy abajo, pero todo el mundo creía que podía aspirar a más y pasar del carro al coche, de la chabola al piso, del estar de más a ser empleado.

19/4/25

El espíritu de la esperanza anda suelto(*)

            Byung Chul Han es un filósofo surcoreano, afincado en Alemania, con proyección mundial. Consigue en libros breves recoger las grandes preguntas de nuestro tiempo aunando rigor y sencillez. El espíritu de la esperanza es su última publicación que se presenta como una novedad porque abandona los temas sombríos y el tono pesimista de sus libros anteriores, en favor “de una alentadora visión del hombre”. El santo y seña del giro es la esperanza, presentada como la gran palanca para la construcción de un nuevo tiempo.

             Arranca la reflexión acogiéndose a la idea de Kafka, luego desarrollada por Walter Benjamin, de que “sólo por los desesperados nos es dada la esperanza” que el autor traduce diciendo “la esperanza más íntima nace de la desesperación más profunda”. El desesperado, en efecto, no es un conformista que acepta estoicamente su mala suerte, sino alguien que se rebela contra ella porque echa de menos la felicidad y la reclama. Ahí anida el gesto de esperanza.

             Motivos para andar desesperados hay muchos, no hay más que seguir el catálogo de sus propios libros. Este autor es como un detective que persigue sin descanso todas las asechanzas del neoliberalismo: la voracidad suicida del capitalismo, el cansancio de Europa, la pérdida de tradiciones, la soledad del hombre moderno, la acedia del consumismo.

14/1/25

La piedad de las palabras

           Menudean estos días escritos sobre la esperanza, nada impropio en un tiempo de espera como éste de Adviento. Lo sorprendente es que sus autores no son religiosos sino pensadores muy mundanos que no están contagiados del espíritu navideño, sino de su contrario.

           La filosofía, en efecto, sólo habla de la esperanza desde la desesperación. En los tiempos de entreguerras del siglo pasado, cuando era medianoche en la historia porque el mundo se debatía entre el totalitarismo pardo de los nazis y el rojo del estalinismo, se hizo célebre la idea de que “sólo por los desesperados nos es dada la esperanza”. Se descubrió la esperanza donde menos se esperaba, a saber, entre los desesperados. Y eso es así porque el desesperado no es un ser humano resignado con su mala suerte, sino alguien que echa de menos la esperanza, por eso, porque no la tiene y necesita tenerla,  se siente abatido.