La exhumación de Franco ha llenado
de titulares los informativos, los periódicos y las conversaciones. Y, ahora
¿qué? Había que sacar a Franco efectivamente de la Basílica del Valle de los
Caídos por dos razones. La primera, que él construyó ese monumento funerario,
de acuerdo con el decreto fundacional, para “los héroes y mártires de la Guerra
de Liberación que hubieran muerto entre el 18 de julio de 1936 y el 1 de abril
de 1939”. Y él murió en la cama cuarenta años después. La segunda, que su
biografía no es, desde el punto de vista democrático, ni memorable ni ejemplar,
sino un impedimento para la convivencia, ya que él simboliza la guerra y la
violencia sobre el orden legítimo.
Bien, pero una vez Franco fuera ¿qué
hacer con el Valle de los Caídos? La comisión de expertos, de la que formé
parte, podría servir de guía. El mandato que se nos dio fue “hacer propuestas
positivas para transformar el Valle en un lugar de memorias compartidas que
ayudaran a la convivencia”. Es decir, se nos pedía convertir Cuelgamuros en un
lugar de la memoria.