No se puede decir que los políticos
españoles no asuman sus responsabilidades. La asumen, dicen, pero, eso sí, sin
que pase nada. Menudean estos días
confesiones de políticos catalanes que reconocen haberse equivocado,
mientras esperamos en vano que saquen alguna consecuencia. Oímos decir a Artur
Mas que “fue un error poner plazo a la independencia” o a Puigdemont que “el Govern no estaba preparado para
materializar la DUI” o a Carmen Forcadell que se precipitaron “porque no había
mayoría social” o al desorientado Toni Comín que les perdió la épica del procès en lugar de tener en cuenta la
cruda realidad. Reconocen que se equivocaron y eso les honra pero ¿qué
consecuencias sacan? Porque en política asumir responsabilidades significa
sacar consecuencias no sólo privadas sino públicas.