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26/1/23

La última lección de Benedicto XVI

             Benedicto XVI pasará a la historia, si hay que creer los comentarios que ha suscitado su muerte, como el teólogo que pasó de progresista a conservador y, además, como el pontífice romano que renunció a su ministerio. Se asustó cuando vio cómo muchos católicos, impulsados por el Concilio Vaticano II, pedían diálogo con el marxismo y democratización en la Iglesia. Y el susto se agravó al ver cómo los jóvenes alemanes preguntaban a sus padres, en aquellos años convulsos del 68, qué habían hecho durante el nazismo. El era un profesor universitario que, como la mayoría, pensaban que había que pasar página y no mirar atrás. Había que parar ese vendaval así que cambió de bando. La deriva conservadora le propició una gran carrera eclesiástica que le llevó hasta la Sede de Pedro. Allí no tardó en reconocer que los verdaderos problemas no venían del mundo sino que estaban dentro de la Iglesia. Con buen juicio entendió que mejor hacerse al lado para que otro, con más empuje, enderezara el rumbo del barco.

19/10/18

La renuncia del Papa, un punto de partida


            "Que el Papa se retire es la prueba de que el ministerio es temporal". De entre las reacciones al anuncio de que Benedicto XVI lo deja, no hay, creo yo, ninguna que tenga el alcance de la que acabo de citar, pronunciada por el teólogo alemán que en este momento goza de mayor reconocimiento mundial: Johan Baptist Metz, de la edad de Joseph Ratzinger, aunque muy alejado de él ideológicamente.

            La temporalidad se lleva mal con la religión monoteísta que es el cristianismo donde todo tiende a ser absoluto: Dios es único; la salvación o la condena, eterna; el matrimonio, indisoluble; las verdades dogmáticas, inmutables; la expulsión del paraíso, no tiene vuelta de hoja. La temporalidad se lleva mal con esa religión porque lo que da a entender es que el hombre es finito; su capacidad de comprensión, limitada; el desempeño de los cargos o ministerios es por un tiempo. Naturalmente que un creyente puede contraer compromisos de por vida pero siempre será un compromiso que el tal creyente podrá revisar o confirmar según avance en la vida. Nos condiciona el tiempo, es decir, las circunstancias que envuelven una decisión, igual que nos condiciona el espacio, es decir, el lugar en el que hemos nacido y/o vivimos.