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14/2/24

Alsasua, el engaño de la memoria corta

            Altsasu es una obra de teatro basada en un incidente que tuvo lugar en octubre del 2016 y que se convirtió en un asunto nacional. Dos guardias civiles fueron brutalmente golpeados por jóvenes locales al pretender entrar en un bar de dicho municipio. El incidente fue tratado por la justicia como un acto terrorista lo que acarreó en la Audiencia Nacional fuertes sanciones para ocho jóvenes implicados.

             La representación teatral, siete años después, ha vuelto a convocar emociones, más allá de las meramente estéticas. Grupos de extrema derecha se han manifestado a las puertas del Teatro La Abadía de Madrid para protestar contra su representación por lo que entienden es blanqueamiento del terrorismo. El director del centro dramático, Juan Mayorga, ha defendido la representación porque el teatro es “paz y libertad”, un espacio al que se acude libremente y en el que distintos personajes, que representan mundos enfrentados, convienen en hablar.

10/6/18

O pedir perdón o ser un perdonavidas


            No sé le da bien a ETA pedir perdón. Acostumbrada a tomar los asesinatos por actos patrióticos, a los matones por héroes, y el sufrimiento de la población por mercancía con la que negociar, lo de pedir perdón es como adentrarse en territorio desconocido. Las víctimas, en particular, y la opinión pública, en general, no se lo han tomado en serio. No se puede aceptar que achaquen la muerte de inocentes a “errores” estratégicos o que sólo pidan perdón a víctimas que pasaban por allí.

            ETA no entiende que su problema no reside en un mal cálculo de una acción terrorista sino en la acción misma. Una acción terrorista por principio tiene que producir terror en la población en base a atentados que pueden alcanzar a cualquiera. El problema no es que la bomba asesine a niños sino que se recurra al asesinato para obtener un fin político. Lo que ETA aún no ha entendido es que asesinar a alguien por razones políticas no es defender una idea sino cometer un crimen.

27/12/16

La herencia del fanatismo

            La agresión en Alsasua a dos guardias civiles por mozos del pueblo es un episodio que trasciende lo local porque, de acuerdo con las noticias que nos llegan, reproduce un viejo esquema político según el cual los de casa declaran la guerra a los de fuera al sentirse amenazados en su identidad.

            Esta forma de entender la política, que el jurista filonazi Carl Schmitt definía como "el enfrentamiento entre el amigo y el enemigo", es, pese a ser tan irracional, muy habitual. Pero si hay un lugar en el que brille su peligrosidad es precisamente en Alsasua. De allí fue, en efecto, párroco el navarro Marino Ayerra. Llegó al pueblo el 17 de julio de 1936 y se marchó al destierro al acabar la guerra. De sus vivencias en el pueblo dejó un conmovedor relato titulado Malditos seáis. No me avergoncé del Evangelio. Es un testimonio que por su templanza y veracidad puede figurar sin desmerecer al lado de los de Primo Levi, Robert Antelme o Elie Wiesel. El, un joven cura muy convencional pero imbuido de la doctrina social de la iglesia, es enviado por el obispo Marcelino Olaechea a pastorear una grey con conciencia obrera. Una mirada entre ingenua e inteligente trasmite magistralmente el horror del "glorioso Alzamiento". Porque son sus feligreses, católicos y carlistas, los que encarcelan y matan a otros feligreses que son también católicos pero republicanos. De poco le sirve apelar a la conciencia cristiana de los matones para frenar su sed de sangre. A la altura de la "Leyenda del Gran Inquisidor" de Dostoievski se sitúa el relato de su encuentro con el obispo que le había mandado meses atrás a predicar el evangelio y que ahora le pide que se olvidé del tal Jesús porque lo que toca es justificar el crimen.