Altsasu es una obra de teatro basada en un incidente que tuvo lugar en octubre del 2016 y que se convirtió en un asunto nacional. Dos guardias civiles fueron brutalmente golpeados por jóvenes locales al pretender entrar en un bar de dicho municipio. El incidente fue tratado por la justicia como un acto terrorista lo que acarreó en la Audiencia Nacional fuertes sanciones para ocho jóvenes implicados.
Un observatorio atento a los desarrollos multidisciplinarios de la cultura anamnética, particularmente en la relación de la memoria con la política, la moral, el derecho, la religión, la literatura y las artes escénicas. Este blog incluye una recopilación de trabajos de Reyes Mate (artículos, conferencias, reseñas ya publicados y textos inéditos). Posteriormente acogerá trabajos de otros autores.
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14/2/24
Alsasua, el engaño de la memoria corta
10/6/18
O pedir perdón o ser un perdonavidas
No sé le da bien a ETA pedir perdón.
Acostumbrada a tomar los asesinatos por actos patrióticos, a los matones por
héroes, y el sufrimiento de la población por mercancía con la que negociar, lo
de pedir perdón es como adentrarse en territorio desconocido. Las víctimas, en
particular, y la opinión pública, en general, no se lo han tomado en serio. No
se puede aceptar que achaquen la muerte de inocentes a “errores” estratégicos o
que sólo pidan perdón a víctimas que pasaban por allí.
ETA no entiende que su problema no
reside en un mal cálculo de una acción terrorista sino en la acción misma. Una
acción terrorista por principio tiene que producir terror en la población en
base a atentados que pueden alcanzar a cualquiera. El problema no es que la
bomba asesine a niños sino que se recurra al asesinato para obtener un fin
político. Lo que ETA aún no ha entendido es que asesinar a alguien por razones
políticas no es defender una idea sino cometer un crimen.
27/12/16
La herencia del fanatismo
La agresión en Alsasua a dos guardias
civiles por mozos del pueblo es un episodio que trasciende lo local porque, de
acuerdo con las noticias que nos llegan, reproduce un viejo esquema político
según el cual los de casa declaran la guerra a los de fuera al sentirse
amenazados en su identidad.
Esta forma de entender la política,
que el jurista filonazi Carl Schmitt definía como "el enfrentamiento entre
el amigo y el enemigo", es, pese a ser tan irracional, muy habitual. Pero
si hay un lugar en el que brille su peligrosidad es precisamente en Alsasua. De
allí fue, en efecto, párroco el navarro Marino Ayerra. Llegó al pueblo el 17 de
julio de 1936 y se marchó al destierro al acabar la guerra. De sus vivencias en
el pueblo dejó un conmovedor relato titulado Malditos seáis. No me avergoncé del Evangelio. Es un testimonio que
por su templanza y veracidad puede figurar sin desmerecer al lado de los de
Primo Levi, Robert Antelme o Elie Wiesel. El, un joven cura muy convencional
pero imbuido de la doctrina social de la iglesia, es enviado por el obispo Marcelino
Olaechea a pastorear una grey con conciencia obrera. Una mirada entre ingenua e
inteligente trasmite magistralmente el horror del "glorioso
Alzamiento". Porque son sus feligreses, católicos y carlistas, los que
encarcelan y matan a otros feligreses que son también católicos pero republicanos.
De poco le sirve apelar a la conciencia cristiana de los matones para frenar su
sed de sangre. A la altura de la "Leyenda del Gran Inquisidor" de Dostoievski se sitúa el relato
de su encuentro con el obispo que le había mandado meses atrás a predicar el
evangelio y que ahora le pide que se olvidé del tal Jesús porque lo que toca es
justificar el crimen.