La Semana Santa es una buena ocasión
para volver sobre la leyenda del Gran Inquisidor de Dostoievski. La sitúa en
Sevilla hace cinco siglos pero podía haber sido en Valladolid. Como de
costumbre van a celebrar estos días con un Auto de Fe en el que serán quemados
cien herejes. Entre la multitud se mezcla el mismísimo Jesús que no viene
precisamente para festejar la masacre. El Inquisidor se percata de su
presencia, le manda prender, le reprocha que vuelva para desautorizar lo que
hace la Iglesia, y corona su perorata con una espeluznante sentencia: “mañana,
a una orden mía, arderás en la hoguera”. Se podría hacer una enciclopedia con
las reacciones que han hecho lectores de todas las latitudes a esta historia
que es, en el fondo, la de la tensión insuperable entre el pan y la libertad,
entre la ética y la política. Lo sorprendente es la indiferencia ante lo que es
central en el relato y que provoca la reacción del Inquisidor. Me refiero a la
resurrección de una niña de siete años que Jesús devuelve a la vida con las
mismas palabras que en su paso por Judea empleara para librar de la muerte a la
hija de Jairo: thalita kumi (levántate,
niña). Ese hecho es el que conmueve a la multitud, hace que reconozcan a Jesús
como único autor posible, y, consecuentemente, ponga en guardia al Gran
Inquisidor de Sevilla.
Un observatorio atento a los desarrollos multidisciplinarios de la cultura anamnética, particularmente en la relación de la memoria con la política, la moral, el derecho, la religión, la literatura y las artes escénicas. Este blog incluye una recopilación de trabajos de Reyes Mate (artículos, conferencias, reseñas ya publicados y textos inéditos). Posteriormente acogerá trabajos de otros autores.
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