No corren buenos tiempos para la
justicia. La opinión pública se indigna con las últimas sentencias de los
jueces, al tiempo que éstos denuncian injerencias del gobierno en sus
decisiones. Sabemos que sin justicia no hay democracia, pero también que el
poder, ya sea el político o el económico, lucha a muerte para ponerla a su
servicio. Es una vieja historia. La humanidad ha intentado sin éxito todo tipo
de soluciones, tal y como ponen de manifiesto las representaciones de la
justicia, pero no parece que hayamos avanzado mucho.