El burka es una prenda antipática que evoca ese lado antifeminista de todas las religiones que avergüenza a la mayoría de ellas pero que cierto Islam cultiva y mantiene. Que tras ello anden los talibanes de Afganistán y los ayatolás del Irán da idea de que las mujeres no van así por su gusto. Nada extraño que en el movimiento mundial feminista esa prenda sea santo y seña del patriarcado que hay que abolir.
Pero no ha sido el feminismo revolucionario sino el autoritarismo de la extrema derecha quien, en España, ha llevado al Parlamento la idea de multar a las mujeres que lo lleven en público. Habría que preguntarse por qué esta iniciativa parlamentaria de Vox, apoyado por el PP, si en España casi nadie ha visto un burka y qué sentido tiene castigarlas con una multa.