7/6/26

El perdón un gesto gratuito pero no gratis

            Menudean en estos últimos tiempos cartas de prisioneros etarras pidiendo perdón por los crímenes cometidos. No son formularios asépticos sino misivas con un toque personal. La pregunta es si esas cartas son portadoras de autenticidad y, consecuentemente, merecedoras de algún tipo de beneficio penitenciario. La polémica está servida entre quienes defienden la autenticidad y quienes sólo ven un recurso oportunista para mejorar la situación.

            Convendría en cualquier caso detenerse un momento en la figura del perdón porque pudiera ser que no sirve a ningún fin carcelario porque es de otro orden. Es cierto que el perdón, un lugar muy vinculado al cristianismo, se ha convertido en una cita del mundo globalizado. Hasta en Japón, tan alejado de las religiones abrahámicas, el presidente del gobierno ha pedido perdón a Corea y China por sus abusos pasados. Piden perdón las instituciones y sus representantes, los individuos y los Estados con el humanitario propósito de superar momentos traumáticos pasados y dar así un paso hacia la concordia. De tan socorrido, riesgo hay de que no signifique nada.