19/1/26

El antisemitismo hoy (1)

            “Crece el antisemitismo” es un titular frecuente en la prensa de estos días. Sólo falta precisar en qué país. Crece en países de una Europa que fue escenario de un antisemitismo genocida que pensaba haber conjurado definitivamente.

             Explicar por qué vuelve es asunto harto complicado porque el antisemitismo se dice de muchas maneras. Están los viejos antisemitismos de origen religioso o laico y están otros nuevos, como el que tiene origen árabe.

             El de origen religioso quedó bien resumido por el historiador Raul Hilberg en su aparición en el film Shoah de Claude Lanzmann (2). Hubo una primera expresión del mismo, acuñada en el siglo tercero, que decía ”no podéis vivir entre nosotros como judíos”, es decir, los judíos sólo podían vivir en el Occidente cristiano si se convertían. A esta sigue otra, en los albores de la modernidad, que les dice “no podéis vivir entre nosotros”, es decir, había que expulsarles. Hitler remata el proceso con un definitivo “no podéis vivir” y por eso fueron exterminados. Ese discurrir histórico está movido por un antisemitismo de origen religioso (3).

14/1/26

El fantasma del autoritarismo recorre el mundo

             Un fantasma recorre el mundo. No tiene un nombre claro porque está compuesto de materiales diversos y contradictorios. Unos le llaman autoritarismo, otros populismo o extrema derecha. Su exponente más conocido es Donald Trump, el que acaba de secuestrar porque sí a todo un Presidente de un Estado Soberano, pero sería peligroso reducir el fantasma al Presidente Estadounidense, como lamentable sería situar todo este movimiento en un extremo del tablero, en la extrema derecha. Los alemanes, que llevan años observando este fenómeno, han creado una casilla específica para este fin y la llaman “estudios del centro”, porque alcanza a las clases medias y afecta a zonas vitales de la cultura democrática.

            En francés, inglés, alemán o italiano hay cantidad de trabajos serios sobre este escurridizo tema que, en castellano, queda devaluado, entre tertulianos, a tópicos ruidosos, y, entre políticos, a munición dialéctica para atacarse.

28/12/25

El nacionalismo, expresión autoritaria de la pertenencia

Introducción

1. Hemos analizado el autoritarismo desde múltiples perspectivas:  psicológicas, ontológicas, morales, políticas. Cabría otra, más trasversal, como la que representa el nacionalismo entendido como ese élan histórico que lleva a conformar la necesidad de pertenencia en figuras como la polis, el Estado, la nación o la patria que no sólo cuestionan el lugar del  mismo (del miembro de la comunidad) sino también la del otro (del extranjero).

A Isaiah Berlin le llamó la atención el hecho de que, en la historia de las ideas modernas, nadie supiera prever la irrupción del nacionalismo. Se esperaban otras ideas y otros debates (que si conflictos entre las Luces y los mitos, que si la lucha entre clases, que si la guerra entre antiguos y modernos…) pero el que se impuso a partir del siglo XIX fue el nacionalismo. Otro tanto ocurrió tras la caída del muro de Berlín. El fin de la guerra fría, que dividió al mundo en dos bloques durante 75 años, debía dar origen a los planteamientos universalistas o globales. Ocurrió eso pero sólo con el dinero. Los pueblos, sin embargo, lo que cultivaron fue el nacionalismo. Algo parecido está ocurriendo hoy cuando la extrema derecha en el mundo está imponiendo la agenda política: el tema estrella, como se ve en el debate en torno a la migración, es la identidad colectiva.

22/12/25

Adviento, palabra en desuso

            Advenir es sinónimo de llegar con el matiz de que lo que haya de venir o advenga, no nos cae como un pedrisco sino que es esperado activamente. Si el adviento, tiempo de esperanza, está en desuso, es porque esto de la espera activa o creativa ya no se lleva. Decía recientemente Iñaki Gabilondo que los únicos que hoy hacen gala de esperanza son los que nada esperan. Se refería a esa ola conservadora que inunda Europa para la que el único futuro es el pasado. Lo que ponen por delante es lo que debería haber quedado atrás.

             No siempre fue así. Después de la II Guerra Mundial hubo un tiempo de esperanza que duró hasta los años setenta. Tanto la socialdemocracia, como la democracia cristiana y hasta el capitalismo estaban animados por el firme convencimiento de que el futuro tenía que ser mejor que el pasado. Es verdad que se partía de muy poco y de muy abajo, pero todo el mundo creía que podía aspirar a más y pasar del carro al coche, de la chabola al piso, del estar de más a ser empleado.