18/3/15

El Mirandés por ejemplo

            Un modesto equipo de fútbol, compuesto de aficionados, ha ganado merecidamente a otro de profesionales ricos. La noticia no merecería mayor atención si no fuera porque, en esta España que zozobra por sus problemas económicos, el fútbol de los ricos, que es muy rico, simboliza como nadie el lujo y despilfarro que nos ha llevado a la crisis actual, mientras que el fútbol de los pobres, que es pobre, anuncia el futuro que nos espera. Contra lo que pudiera parecer, ese futuro más modesto, que ha ganado al rico, es una potente señal de esperanza.

            El presupuesto anual del Mirandés es casi equivalente a lo que cobra el jugador del Real Madrid, Cristiano Ronaldo, en mes y medio. Esta distancia sideral no debería permitir que hubiera puntos de comparación entre ambos equipos. Nada les debería ser común porque, aunque los ricos también lloran, se consuelan pronto yendo de compras. Pero hete aquí que esos puntos de contacto los hay. El entrenador del Mirandés, Carlos Pouso, les ha cogido al vuelo al decir "los pobres a veces somos más felices que los ricos". Los jugadores de equipos pobres y los de equipos ricos penan y gozan, con la diferencia de que la alegría y el sufrimiento del jugador no están en función de la cuenta corriente, sino que son el resultado de su propio esfuerzo. Por eso el entrenador mirandés da un paso más y se compara con Mourihno "al que no llega ni al barro de los zapatos", dice, pero sintiéndose "más feliz que él".


            Tiene coraje este entrenador al compararse, no con el mister del Español, al que acaba de mandar a casa, sino con el del Madrid, el club más rico. Parece una osadía. Si hubiera tenido en cuenta los números de cada equipo, no debería haberlo intentado. Pero hace bien en compararse con el orgulloso portugués por dos razones: en primer lugar, porque las reglas de juego son las mismas. A los pobres no se les permite jugar con uno más para compensar el menor presupuesto de la plantilla. Y, en segundo lugar, porque los futbolistas no son dioses aunque así se les trate. Reconozcamos de una vez que el jugador del balompié practica un juego primitivo, hecho para que exploten pasiones y sentimientos elementales que son comunes a todos los humanos. Tierno Galván, en uno de sus bandos inolvidables, pronunciado en vísperas del Mundial del 82, celebrado en España, lo definía como un juego en el que “once diestros y aventajados atletas compiten en el esfuerzo de impulsar con los pies y la cabeza una bola elástica, con el afán, a veces desmesurado, de introducirle en el lugar solícitamente guardado por otra cuadrilla”. Vamos, que se trata de un juego de arrabal  en el que una cuadrilla de mozos bien plantados golpean una pelota para meterla entre tres palos. Para practicar el fútbol no hay que pasar por Salamanca. No hay que quitarles su mérito pero lo de jugar a fútbol lo hace cualquiera aunque para jugar como Leo Messi haya que pasarse toda la niñez haciendo novillos. Es verdad que le hemos echado mucha literatura al juego. Jorge Valdano hablaba "de la terrible soledad del jugador en el área pequeña". Puestos a buscar metáforas de la soledad, hay otras experiencias más elocuentes que la del futbolista tirando un penalty.

            Se puede jugar más o menos bien, pero el derecho a la alegría lo tienen todos. El que en este caso haya caído del lado del equipo modesto es lo que eleva el triunfo del Mirandés de anécdota a categoría. Hay vida fuera del talonario. Se puede ser feliz viviendo más modestamente. Si algo no puede permitirse ya este país es el "modelo Florentino" que ha llevado el lujo al exceso, erigiendo el dinero en principio de felicidad o de éxito.

            Después de la bronca política que ha acompañado los gobiernos de Zapatero, hemos entrado en una fase de calma chicha. Rajoy debe de andar buscando el norte y el PSOE, su sitio, después de la derrota. Unos y otros podían dedicar unos instantes al Mirandés. Si los políticos de uno y otro signo piensan que el futuro puede consistir en volver de alguna manera a los viejos buenos tiempos, están equivocados. El susodicho "modelo Florentino", al que aspiraba todo españolito, es, además de vacuo, imposible. Como decía un viejo comunista en la clandestinidad: "el problema del capitalismo no es que sea malo, es que no hay para todos".

            El futuro pasa por una reconciliación con una forma más modesta de existencia. Y eso es lo que representa el Mirandés. Tierno Galván recomendaba, al final de su bando, que tuviéramos cuidado con los “pícaros, cortabolsas, sopistas, catarriberas y otros muchos de dudosa condición” que podían robarnos la cartera si nos distraemos celebrando el fútbol. Eso lo decía hace treinta años y ahora son otros tiempos. Quienes en realidad nos han robado la cartera ha sido ese circo millonario que nosotros hemos jaleado. Muchos de los que han hecho caja se han esfumado y ahí quedan algunos iconos, los futbolistas millonarios, de ese tiempo pasado. Pese a su glamour son el pasado, el resto de un naufragio. El futuro lo representan los equipos aficionados que son felices cuando hacen bien las cosas. El Mirandés, por ejemplo; el Mirandés como ejemplo.


Reyes Mate (El Norte de Castilla , 4 de febrero 2012)