1/5/17

La ciudad o la elocuencia del espacio*

            1. Asociamos memoria con tiempo -con el momento pasado del tiempo, con el tiempo pasado- pero no con el espacio que siempre está ahí, como si fuera atemporal. Por él pasa el tiempo, ciertamente (imaginemos Jerusalem: por ahí han pasado los judíos, los romanos, los templarios, los otomanos, los británicos...) pero el espacio sigue ahí, siempre el mismo.

            Es verdad que ahora hablamos de "lugares de la memoria", una expresión en la que tiempo y espacio se remiten mutuamente. Algo ha tenido que pasar ahí, ¿un cambio en el concepto de tiempo? o ¿en el de memoria?

            Desde luego en el de memoria que no sólo se refiere ya al tiempo pasado, sino también al presente, a lo ocultado por el presente. También ha habido cambio en el concepto de espacio que se ha temporalizado. Dice Benjamin que "la memoria no es un instrumento para investigar el pasado, sino su espacio público. Es el medio ambiente de lo vivido, de la misma manera que el globo terráqueo es el medio en el que yacen sepultadas las ciudades muertas" (Benjamin GS, VI, 486). Lo que quiere decir es que el tiempo pasado necesita espacio para expresarse. Sin un lugar, el pasado nos es inalcanzable: el pasado, sin superficie (ya un cuerpo o ruinas) es inexpresivo.

17/4/17

Miedo al progreso

            La humanidad siempre ha tenido miedo al final de los tiempos porque le asocia a la venida del Anticristo. Esa misma humanidad depositaba sus esperanzas en el progreso que es el desarrollo de un tiempo sin fin. Todo eso ha cambiado en los últimos años. Ahora el miedo es a que esto no tenga fin. Recordemos, por ejemplo, que cuando llegó la crisis a Europa, en el 2008, un Comisario Europeo, Joaquín Almunia, pensó que la respuesta a la crisis que se avecinaba suponía refundar el capitalismo. Hoy, con el campo de batalla sembrado de gente empobrecida y fragilizada, lo que ese tipo de políticos desea es que vuelvan los viejos buenos tiempos. Nada ha cambiado en la teoría y tampoco en las reglas de juego. Lo más llamativo de los últimos años -fuera del singular libro de Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI- es un panfleto, Indignaos, escrito por un señor de 90 años. Seguimos pensando igual.

16/4/17

Los tumbos de la justicia

            No corren buenos tiempos para la justicia. La opinión pública se indigna con las últimas sentencias de los jueces, al tiempo que éstos denuncian injerencias del gobierno en sus decisiones. Sabemos que sin justicia no hay democracia, pero también que el poder, ya sea el político o el económico, lucha a muerte para ponerla a su servicio. Es una vieja historia. La humanidad ha intentado sin éxito todo tipo de soluciones, tal y como ponen de manifiesto las representaciones de la justicia, pero no parece que hayamos avanzado mucho.

21/3/17

Diario de La Habana (del 8 al 19 de noviembre del 2016)

1. San Juan de Letrán es una institución muy ligada a la historia de Cuba. En la actualidad es un convento de dominicos, ubicado en El Vedado de la ciudad de La Habana que celebra el centenario de su creación, mejor dicho, recreación porque originariamente estuvo situado en la Habana Vieja, en el siglo XVI, en el lugar que hoy ocupa el Colegio de San Gerónimo. Avatares de la historia llevaron a la expropiación, expulsión y derribo para un centro comercial. El historiador de la ciudad, Eusebio Leal, consciente de que, como decía Adorno, “cuando desparece una tradición, algo muere de la humanidad”, se ha esforzado en recuperar el espacio haciendo un potente guiño al pasado para recordar a los cubanos que allí se incubó ni más ni menos que la primera universidad de La Habana.

Me han invitado a participar en un acto académico conmemorativo que he aceptado por lo que tiene de memoria y de futuro. San Juan de Letrán dispone de un Aula llamada “Bartolomé de las Casas” que es un espacio muy singular en Cuba porque es un lugar de libertad, “La casa de Cuba” dicen que dijo el cardenal de la ciudad. Y efectivamente por allí he visto intervenir al Nuncio del Vaticano, cardenales y obispos, pero también profesores de la Universidad de La Habana y prebostes del régimen que valoran y, con su presencia, avalan las prácticas aperturistas que el Aula ofrece. Todo tiene sus riesgos. Recuerdo el encuentro que ahí tuvimos en el año 2012 con motivo de una efeméride relacionada con el Sermón de Montesinos. En una mesa participábamos Javier Fernández Vallina y yo mismo. El moderador, un cubano que no las tenía todas consigo, nos pedía insistentemente una copia del texto que íbamos a presentar. Yo tenía un guión y me negaba a dárselo. Fernández Vallina sí le dio el texto. Lo leyó con atención y le manifestó muy preocupado que tenía que corregir una expresión. Javier hablaba de “pensamiento marxiano”, que pronunciado a la cubana daba un “pensamiento marsiano” (esto es, marciano), una muestra poco amistosa del pensamiento marxista, según el moderador. Costó hacerle entender que había una diferencia entre el pensamiento marxista y el marxiano (que nada tiene que ver con los peligrosos “marcianos” venidos de otro planeta). Allí todo era lo mismo, pensamiento comunista. Si dicen que Fidel Castro no pasó de la página 20 del primer libro de El Capital de Marx…