Tita es el nombre de
una calle singular de Íscar. Tita es
la abreviatura amable de Felicitas Arranz, una nonagenaria que por petición
popular acaba de obtener el honor de dar su nombre a una calle. Sus méritos no
son nada espectaculares. Ni ha ganado batallas, ni se ha sentado en grandes
despachos, ni ha lucido éxitos deportivos, como ocurre con la mayoría de los
nombres que figuran en nuestros pueblos y ciudades. Su hoja de servicios está a
la altura de una mujer de pueblo que entendió instintivamente lo que es ser
ciudadana. Sin otra preparación que los estudios primarios supo responder a las
necesidades del pueblo convirtiendo su domicilio en una casa de niños donde los
hijos de familias trabajadores recibieron una educación hecha de conocimientos
y de cariño; por las noches los mozos del pueblo podían acudir a su casa
hacerse con las letras y los números que no pudieron aprender en la escuela;
organizó la solidaridad de la comarca en torno a Manos Unidas, mientras su casa
siempre estaba abierta para cualquier necesidad. Tita entendió la vida no como dedicación exclusiva a los suyos,
cosa que jamás descuidó, sino como vida en común.
Un observatorio atento a los desarrollos multidisciplinarios de la cultura anamnética, particularmente en la relación de la memoria con la política, la moral, el derecho, la religión, la literatura y las artes escénicas. Este blog incluye una recopilación de trabajos de Reyes Mate (artículos, conferencias, reseñas ya publicados y textos inéditos). Posteriormente acogerá trabajos de otros autores.
6/11/18
El libro que sobrevivió al fuego, en peligro
Mayo
es el mes de las flores y de las ferias del libro. También es el aniversario de
una famosa quema de libros hace ochenta años, un 10 de mayo de 1933. Joseph
Göbbels, un escritor fracasado convertido en ministro de propaganda por
decisión del Führer, quería librar a los alemanes de los malos pensamiento y
ofrecerles en bandeja los libros e ideas que estaban a la altura del noble y
superior "espíritu alemán". Convocó a los estudiantes alemanes para
que arrastraran a la plaza pública a todos aquellos títulos, previamente
seleccionados, que pudieran encontrar en sus casas o en las bibliotecas públicas,
para celebrar con ellos un original auto de fe. En todas las grandes ciudades
alemanas se procedió a una quema ritual de los libros malditos.
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Reyes Mate
19/10/18
La renuncia del Papa, un punto de partida
"Que el Papa se retire es la
prueba de que el ministerio es temporal". De entre las reacciones al
anuncio de que Benedicto XVI lo deja, no hay, creo yo, ninguna que tenga el
alcance de la que acabo de citar, pronunciada por el teólogo alemán que en este
momento goza de mayor reconocimiento mundial: Johan Baptist Metz, de la edad de
Joseph Ratzinger, aunque muy alejado de él ideológicamente.
La temporalidad se lleva mal con la
religión monoteísta que es el cristianismo donde todo tiende a ser absoluto:
Dios es único; la salvación o la condena, eterna; el matrimonio, indisoluble;
las verdades dogmáticas, inmutables; la expulsión del paraíso, no tiene vuelta
de hoja. La temporalidad se lleva mal con esa religión porque lo que da a
entender es que el hombre es finito; su capacidad de comprensión, limitada; el
desempeño de los cargos o ministerios es por un tiempo. Naturalmente que un
creyente puede contraer compromisos de por vida pero siempre será un compromiso
que el tal creyente podrá revisar o confirmar según avance en la vida. Nos
condiciona el tiempo, es decir, las circunstancias que envuelven una decisión,
igual que nos condiciona el espacio, es decir, el lugar en el que hemos nacido
y/o vivimos.
Las imágenes apocalípticas
Tras casi cinco años de crisis las cosas
están cada vez peor. Como en la tragedia Antígona
de Sófocles el único consuelo que nos queda es saber que las noticias de hoy
siempre serán mejores que las de mañana. Hartos de gritar en vano, de protestar
sin conseguir nada, de jurar y de maldecir, empieza a abrirse camino el
lenguaje apocalíptico.
Que entre la literatura de protesta
que circula por los grandes almacenes figure la edición completa del Apocalipsis de San Juan, señal es de
que, faltos de palabras convencionales para expresar lo que está ocurriendo,
recurrimos a la artillería pesada de las imágenes apocalípticas. En ese extraño
y críptico libro de la literatura cristiana se habla del fin del mundo
provocado no por la fatiga de los materiales sino por la maldad del hombre,
seducido por el mal: "Y vi una bestia que emergía del mar. La tierra
entera iba llena de admiración siguiendo a la bestia; y la adoraron diciendo ¿quién hay parecido a la bestia y
quien luchar puede contra ella?" Todos se sometieron al poder del maligno
hasta el punto de que "ninguno grande o pequeño, rico o pobre, libre o
esclavo, pueda comprar o vender, a no ser el que lleve la marca que es el
nombre de la bestia o el número de su nombre" (Apoc., 13, 4.17). La bestia
controla el mercado y define lo que es bueno o malo. Se habla del fin de este
mundo y también del miedo generalizado porque el final coincide con la llegada
del anticristo. Esas páginas sirven para expresar nuestro miedo basado en la
incertidumbre ante el futuro, en la
inestabilidad laboral, en la desconfianza que despiertan los políticos o en la
impotencia ante la corrupción. Miedo porque nos sentimos al borde del abismo,
llámese quiebra del euro, ruptura de la Unión Europea o despiece del estado de
bienestar.