El exilio que hace ochenta años
emprendieron miles de españoles, huyendo de la muerte o de la cárcel, está siendo
objeto estos meses de múltiples actos conmemorativos. Se aprovecha la ocasión
para dar un repaso a la barbarie que supuso el golpe de Estado franquista y
honrar de paso la memoria republicana.
Todas esas efemérides pueden ser
vistas como una forma poética de justicia para quienes tuvieron que abandonar
su país por haber defendido una causa justa. Justicia memorial, pues, para los
exiliados, pero ¿también para el exilio? Hay que preguntarse, en efecto, si
todos estos actos, que se presentan bajo el rótulo de “exilio republicano”,
hacen justicia a lo que significa el exilio o, dicho en otras palabras, si el
sentido del exilio se sustancia en legitimación del Estado republicano o apunta
más bien hacia otra forma de entender la política.