Los premios que nos convocan son
concedidos por una Fundación, titulada Angelus
Novus, y lo son en homenaje a Walter Benjamin.
Angelus Novus es
originariamente el nombre de un cuadro de Paul Klee pero que, gracias a la
interpretación que de él hace Walter Benjamin, se convierte en símbolo de su
pensamiento y embajador de su persona.
De su persona decía su pariente,
Hannah Arendt, que desbordaba en erudición sin ser un erudito, que interpretaba
genialmente textos sin ser filólogo, que le seducía la teología mientras le
resbalaba la religión, que habló como nadie de historia sin ser historiador, en
una palabra, que pensaba poéticamente sin ser ni poeta ni filósofo. Un pensador
pues inclasificable porque miró la realidad desde un ángulo en el que nadie
antes había reparado.
Hemos sido convocados para rendir
homenaje a un personaje que si bien se lo merece no deja de ser sorprendente porque no
fue en su tiempo ni el más famoso, ni el de mayor glamour. Era un Aussenseiter
más cercano al trapero que al triunfador. Tampoco su
filosofía debería despertar entusiasmos excesivos pues cepilla su tiempo y el nuestro
a contrapelo, es decir, está lejos de lo políticamente correcto: molesta a los
marxistas con su teología y a los teólogos con su materialismo; a los
historiadores, bajándoles los humos, y a los científicos haciéndose abogado de
la poesía. Pero pese a todo aquí estamos, convocados por su audacia y
originalidad, dispuestos a rendirle homenaje.
Pero ¿por qué seduce tanto? Daría
tres razones: en primer lugar, por la originalidad de su mirada, desde los vencidos
y no desde los vencedores. En su libro Infancia
en Berlín cuenta que un buen día su clase –estudiaba Bachillerato- fue
llevada a la Siegessäule (La columna
de la victoria) para que comprendieran los alumnos lo que supuso el triunfo de
Alemania sobre los franceses en 1870. La columna, que representa ese momento, está
coronada por un majestuoso Ángel de la Victoria que debería ensanchar el
patriotismo de la clase, que de eso se trataba. Cuenta que volvió a casa
deprimido porque, en vez de seguir las indicaciones del profesor, se había
fijado en el friso de la columna que ilustra el destino de los vencidos y el
precio de la victoria. Un triunfo bélico que tiene que pagar ese precio no
merece ser coronada por un Ángel de la Victoria sino más bien con un Ángel de
la Historia que llora sobre sus ruinas y lamenta su impotencia. Es lo que
después él desarrollará en la IX Tesis
de su texto “Sobre el concepto de
historia”, titulada El Ángel de la Historia. En segundo lugar, por la
agudeza de su ingenio no falto de ironía. Cuenta su amigo Gershom Scholem que
ambos querían fundar una revista con ese título, “Angelus Novus”, que debía ser fiel al espíritu del ángel, tal y
como lo describe la Cábala, a saber, que los ángeles son creados para cantar
ante el trono del Altísimo y disolverse tras el canto. Ellos querían premiar a
los posibles autores con la moneda la Cábala: convirtiendo en efímeros y
caducos los textos publicados. Si los autores se pavoneaban de ser modernos,
que lo fueran efímeramente. Pero hay una tercera razón, quizá de más peso.
Benjamin leyó su tiempo -y, por tanto, el triste futuro que le esperaba-
fijándose preferentemente en los “valores” que su tiempo veneraba y no, como
hacían los demás, en los vicios que detestaban. Benjamin no necesitó
experimentar la llegada de Hitler, ni del fascismo, para detectar la catástrofe
que se avecinaba. Le bastó analizar el valor más venerado de su tiempo, el
progreso, para denunciar la catástrofe inminente. Es fácil movilizarse contra
el mal cuando este se hace sentir; es más difícil hacerlo cuando viene envuelto
en celofán de “valores”. Decir hace un siglo que el progreso era catastrófico,
era una osadía. Hacía falta ser un “avisador del fuego” para darse cuenta. En
la medida en que el progreso sigue siendo santo y seña de nuestro tiempo,
Benjamin es un autor que merece ser leído y recordado. El homenaje es merecido,
pero, su lectura hoy, necesaria.
Reyes
Mate (Palabras en la aceptación del Premio
Walter Benjamin a la Trayectoria, concedido por la Fundación Angelus Novus, Barcelona, 17 de
septiembre 2025)