18/3/20

Políticas de campanario

            La declaración del alcalde de León, pidiendo "una mesa de diálogo" para negociar la secesión leonesa, ha encontrado eco inmediato en los socialistas berzianos que piden el reconocimiento del Bierzo como una provincia más. Con la misma lógica, ¿cómo no recordar al barrio rico de Milán cuando pidió a la Liga Norte, partidaria de la secesión de la Italia del Norte (Padania) que, puestos a ejercer el soberanismo, ellos también querían escindirse de Padania, porque no querían que sus impuestos salieran del barrio?

            Ante este tipo de declaraciones podemos tomarlas como ocurrencias de políticos en busca de prestigio a bajo coste o como síntomas de un modo preocupante y generalizado de entender la política.

            Veamos.

            Alegan los críticos con la situación actual que la autonomía actual es un producto artificial. Y en eso tienen razón porque la política es un arte o artificio que consiste en tomar decisiones difíciles en circunstancias complejas que bien pudieran haber sido otras. Segovia, por ejemplo, estuvo a punto de convertirse en autonomía. En lo que, sin embargo, no tienen razón es oponer a la fundamentación débil de la política una alternativa "natural" que estaría basada en razones mucho más sólidas. Es en la creencia de que la alternativa a lo artificial es lo natural donde está el problema.

            Todos los nacionalismos ponen a la naturaleza de su parte empezando por la etimología. Nación viene de nacimiento. Los nacionales son los nacidos en un lugar determinado. Los dos pilares del nacionalismo son la sangre y la tierra. Pero como ese tipo de nacionalismo racista ya no se lleva, se le añaden otros dos ingredientes culturales-la religión y la lengua- tomados de la historia, para conformar un nacionalismo ya no racista sino etnicista. Sangre, tierra, religión y lengua son los elementos naturales que invocan los nacionalismos.

            El mensaje que se mandaba desde las teorías románticas que en el siglo XIX impulsaban los nacionalismos es que los colectivos que tengan esos ingredientes naturales tienen derecho a decidir cómo quieren organizarse políticamente. Renan, autor del vademecum del nacionalismo titulado La Nation, decía que la nación estaba compuesta de gente que tenía, por un lado, un pasado común y, por otro, la voluntad de vivir juntos. Los nacionalistas traducen pasado común por historia de un pueblo cuyos individuos están unidos por la sangre y la tierra. Y traducen voluntad de vivir juntos por derecho de autodeterminación. Con este manual político funcionaron en su momento los secesionistas italianos y ahora los catalanes y, al parecer, es el mismo libreto del alcalde de León.

            El problema de este libreto es que en él no hay nada natural. Todas las sangres son mezcladas y venimos de distintos lugares. No hay religión ni lengua propia porque son dadas o impuestas y sería una insensatez considerarlas propias. Hablamos castellano, por ejemplo, porque en algún momento de nuestra historia se acalló el árabe podría haber sido nuestra lengua natural. Lo que se nos vende como productos naturales son más bien históricos

            La política es un arte y como tal una invitación a buscar soluciones creativas a los problemas contemporáneos. Los nacionalismos son discursos peligrosos porque distraen y venden como solución natural lo que son estrategias de los colectivos más poderosos de cada lugar que ven en él un negocio. Invertir en esa dirección es ir a contracorriente de la historia. El futuro es transnacional. No levantar fronteras internas  o externas, sino derribarlas. Cualquier candidato a político debería ser un experto en historia europea para que comprenda en qué dirección va la historia.

            Eso no significa desatender la parcela de mundo que nos ha tocado vivir y cuidar. Cada costumbre local es un patrimonio de la humanidad y no algo nuestro. Curioso que el término "nosotros" signifique no-otros. Hemos llevado al lenguaje cotidiano la semilla del diablo hasta el punto de que no sabemos hablar de lo que nos une más que separando. No hay por qué avanzar en esa dirección.

Reyes Mate (El Norte de Castilla, 4 de enero 2020)