21/4/26

La "Controversia de Valladolid" (1550-1551). Pasado, presente y futuro

Se me pide que hable de “la repercusión de la Controversia en el marco de su tiempo”, es decir, que hablemos del alcance de los argumentos exhibidos en ese debate sobre las razones y sinrazones de la Conquista de América.

            1. Puesto que el tiempo es escaso, diría, casi telegráficamente, que hay dos aspectos que me llaman la atención. En primer lugar, el hecho mismo. El hecho de someter a un debate moral la justificación de una operación epocal con tantas implicaciones políticas, militares y económicas, es algo sorprendente. Visto desde nuestra mentalidad moderna, esta relación entre civilización y moralización nos resulta inaudita porque el bien moral es la raison d’État. Identificamos Estado con bien común y, por tanto, con totalidad ética, por eso moralidad y razón de Estado se confunden. Somos más contemporáneos de Machiavelo que de la Escuela de Salamanca. Notemos de pasada que el Soberano no pide un informe privado a unos expertos, sino que escenifica un debate público, como hacían las universidades con las Questiones Disputatae, conscientes de que la verdad trasciende las opiniones particulares.

En segundo lugar, el nivel de la exigencia moral a que se someten las dos teorías, una y otra de gran nivel. Por un lado Ginés de Sepúlveda, el pensador cuyas tesis políticas anuncian ya la Modernidad con sus tesis secularizantes. No en vano tiene el español muy presente al italiano Machiavelo contra quien polemiza subrepticiamente tanto para señalar los encuentros como los desencuentros.

Sepúlveda no es un cualquiera. Es, además de asesor del Emperador, un humanista, al tanto pues de estudios clásicos, con clara conciencia de un nuevo tiempo que no es el de Cristiandad sino el de la autonomía de lo secular. Un humanista agustiniano que conoce y reconoce la legitimidad de las dos ciudades. Sepúlveda defiende una filosofía de la historia que reconoce al pueblo más desarrollado la condición de “pueblo elegido”. Esta idea, que Hegel llevará a su más alta formulación, aparece más toscamente en Sepúlveda pero con la misma contundencia: “los pueblos bárbaros y salvajes”, dice literalmente, “han nacido para obedecer, no para mandar, estando sometidos por ley natural a los pueblos más civilizados y cultos”. Lo que el pueblo superior aporta al inferior es salir de la pre-historia y entrar en la historia, un bien que justifica los daños que pueda causar, daños que quedan debidamente justificados y amortizados bajo la figura de “precio del progreso”.

Frente al humanista, un teólogo como Bartolomé de las Casas, más escolástico que humanista, que, en lugar de esa filosofía de la historia, maneja una antropología teológica que considera a todos los hombres iguales en derechos y en dignidad. Las Casas es un claro ejemplo de que no siempre lo más moderno es moral y racionalmente lo mejor. El sentido crítico no está ligado necesariamente a lo más novedoso.

Las Casas reconoce, como único título justificativo de la presencia española en las Indias, el deber de predicar el evangelio a toda creatura. Todo lo demás: presencia militar o comercial, estaría supeditado a ese título, es decir, si los nativos les acogían amablemente y les dejaban predicar, no había razón para una fuerza militar de acompañamiento, ni tampoco para exigirles tributos como hacían los encomenderos y conquistadores. En cuanto a tributos, sólo podían afectar a los convertidos, y esto en concepto de ayuda a la misión.

            2. Si Las Casas fue tan duro con la Conquista (recordemos lo que dijo al final de sus días: “ha sido contra todo derecho natural, de gentes, y divino”) fue, por un lado, porque se invocaron falsos títulos de conquista (el propio Sepúlveda invocó la superioridad cultural, los derechos comerciales, la incapacidad de los indígenas para gobernarse, los sacrificios humanos) que Las Casas desactivó cumplidamente, incluida la referencia a los sacrificios humanos y, por otro, porque las cosas se pudieron hacer de otra manera. Ya entonces había conciencia de que las cosas se estaban haciendo mal y, por tanto, que se podían hacer bien. Recordemos a estos efectos lo que hizo Felipe II con las recién descubiertas Islas Filipinas. Un monarca viejo y apesadumbrado por las críticas a la conquista del Nuevo Mundo, decide hacer las cosas tal y como Las Casas hubiera querido. Propone el nombramiento de obispo de Manila a un discípulo de Las Casas, al dominico Domingo de Salazar, para que haga las cosas al modo lascasiano. Lo consigue hacer su sucesor, el también dominico Miguel de Benavides, que llega a Manila con la lección bien aprendida.

La razón de estar es la de la predicación, que debe ser permitida, como así ocurría, y que nunca podría ser impuesta, que era lo que también ocurría. Respecto a la presencia de representantes de la Corona de Castilla, habría que preguntar a los nativos si querían ser súbditos de esa Corona, es decir, había que llevar a cabo un referéndum. Respecto a los tributos, estaba claro que los cobrados hasta ahora eran ilegales y habría que devolverles. El Referendum tuvo lugar el 21 de marzo de 1599 y los tributos fueron devueltos. Este hecho explica que plantear hoy el tema de la responsabilidad histórica no es un anacronismo. No juzgamos el pasado con categorías del presente, sino que tomamos conciencia hoy de lo que entonces se discutía.

            3. Dos consideraciones finales. Conforme pasa el tiempo se multiplican las llamadas americanas a que asumamos responsabilidades por el pasado colonial. Fue sonada la carta que en el año 2002 escribió un grupo de intelectuales colombianos , entre ellos Gabriel García Márquez y Fernando Botero, recordando a los españoles que teníamos una responsabilidad histórica pendiente de satisfacción, por no hablar de las tomas de posición de los dos últimos Presidentes de México. Reconozcamos que cuando nos piden que reconozcamos “injusticias y sufrimientos causados” no nos exigen nada que no hayamos reconocido en el pasado. Si hoy nos indigna tanto, habría que preguntarse por qué hay menos sentido crítico hoy que entonces; por qué una posición como la de Las Casas, compartida por tantos teólogos, políticos, juristas de su tiempo, hoy se la adscribimos a la anti-España; por qué nos quedamos con el Las Casas que defiende a los indígenas y rechazamos al que condena a los encomenderos.

Y algo más. Puesto que situamos la Controversia de Valladollid de 1550-1551 en la historia de los Derechos Humanos, anotemos algo que puede ser muy importante para el futuro. El derecho indiano defendido por las Casas está basado en un jusnaturalismo de origen cristiano. La afirmación de la igualdad de todos los hombres tiene, como última justificación. el monoteísmo judeocristiano. Ahora bien, tan cierto como que nadie puede poner en duda la importancia y la eficacia de ese planteamiento, es el hecho de que ese jusnaturalismo es diferente del moderno, claramente racionalista (el de Grotius y los enciclopedistas). Diferentes pero relacionados porque sin aquel no hubiera aparecido éste.

Lo que quiero decir es que recordar la inspiración teológica de los DDHH es importante en este momento, no por alagar los oídos de los teólogos, sino por algo que el último Habermas, recién fallecido, no dejaba de recordar: en un momento en que los valores humanos flaquean, conviene volver a las tradiciones nutricionales para extraer de ellas nuevas motivaciones morales y nuevos impulsos semánticos. Si queremos que la solidaridad no decaiga, hay que cultivar la fraternidad. La Escuela de Salamanca no sólo está detrás sino delante de unos derechos profundamente amenazados en estos momentos.

La Controversia acabó sin sentencia. Aunque cada uno por su lado se consideró victorioso, lo cierto es que las dos han sobrevivido al momento y siguen vigentes. La una representa la racionalidad política y, la otra, la moralidad necesaria. Ese enfrentamiento es una edición más de la conflictiva relación entre ética y política. El que entonces no se encontraran no significa que el reto haya dejado de ser actual. A pesar de los casi cinco siglos de distancia, estamos ante un caso abierto.

Reyes Mate (2ª Jornada de los 475 años de la Controversia de Valladolid, organizada por El Norte de Castilla, Valladolid, 23 de marzo del 2026)