El abuso a menores por un profesor
del Colegio madrileño de Valdeluz ha
puesto de manifiesto no sólo el encubrimiento del profesor de música y ética
por parte de la dirección del colegio y de buena parte del claustro de profesores,
sino también la torpeza de los responsables políticos de la Comunidad de Madrid
que, al tener noticia de alguno de los casos, se lavaron las manos, no dando
cuenta al fiscal y endosando la responsabilidad de la denuncia a los propios
padres.
Con ser grave la conducta del
Colegio Valdeluz, resulta más preocupante la reacción de los responsables
políticos. ¿Que por qué? Pues porque los delitos se persiguen pero las
mentalidades perduran. Las conductas delictivas, como las que han tenido lugar
en el citado centro agustino, son perseguidas por los jueces y rechazadas por
la sociedad. Lo que, sin embargo, denota la actitud de los políticos madrileños
es una mentalidad ampliamente compartida según la cual es siempre preferible
tapar los escándalos a hacer justicia.
Se sacrifica el niño al interés de los adultos. Tiene, de entrada, más credibilidad el pedigrí de un colegio de
religiosos que la denuncia de un niño o la que en su lugar hagan los padres. Se
da por descontado la honorabilidad de una institución docente y quien quiera
cuestionarla en nombre del daño a un alumno tendrá que iniciar un calvario por
despachos que no suelen acabar en lugar alguno.