16/7/14

Los derechos de los niños

            El abuso a menores por un profesor del Colegio madrileño de Valdeluz  ha puesto de manifiesto no sólo el encubrimiento del profesor de música y ética por parte de la dirección del colegio y de buena parte del claustro de profesores, sino también la torpeza de los responsables políticos de la Comunidad de Madrid que, al tener noticia de alguno de los casos, se lavaron las manos, no dando cuenta al fiscal y endosando la responsabilidad de la denuncia a los propios padres.

            Con ser grave la conducta del Colegio Valdeluz, resulta más preocupante la reacción de los responsables políticos. ¿Que por qué? Pues porque los delitos se persiguen pero las mentalidades perduran. Las conductas delictivas, como las que han tenido lugar en el citado centro agustino, son perseguidas por los jueces y rechazadas por la sociedad. Lo que, sin embargo, denota la actitud de los políticos madrileños es una mentalidad ampliamente compartida según la cual es siempre preferible tapar los escándalos  a hacer justicia. Se sacrifica el niño al interés de los adultos. Tiene, de entrada,  más credibilidad el pedigrí de un colegio de religiosos que la denuncia de un niño o la que en su lugar hagan los padres. Se da por descontado la honorabilidad de una institución docente y quien quiera cuestionarla en nombre del daño a un alumno tendrá que iniciar un calvario por despachos que no suelen acabar en lugar alguno.

La maldición de Casandra

            En la prensa seria asoma cada vez más la noticia de que caminamos hacia un "colapso de la civilización". No aparece en la sección de sucesos sino en las de economía y sus fuentes no son grupos radicales de ecologistas sino la ONU o la NASA.

            Es una novedad. No me refiero a los informes que vienen de muy atrás sino a su presencia en los diarios. Ya en 1972 el famoso Club de Roma publicó un demoledor informe titulado "Los límites del crecimiento" en el que un grupo de científicos avisaba que si seguíamos con el ritmo de crecimiento entonces programado llevaríamos al planeta Tierra al desastre. Sus autores no eran izquierdistas visionarios sino unos sesudos científicos occidentales que analizando la previsible evolución de la población mundial, de los recursos naturales, de la contaminación atmosférica y de los alimentos, llegaron a la conclusión de que eso era insostenible. Se proponían entonces medidas para un crecimiento sostenible capaz de compaginar un crecimiento mínimo con las posibilidades limitadas del planeta.

7/7/14

Francisco y Ratzinger

           Francisco marca al teléfono un número de la ciudad argentina de San Lorenzo. Al otro lado Julio Baletta, marido de una divorciada que ha escrito al Papa de Roma lamentando que en su parroquia no la dejen comulgar, recibe la repuesta papal: "puede comulgar porque no hace daño a nadie".

                La cosa podría quedar en una anécdota propia de un buen párroco que pone la compasión evangélica por delante del dictado del derecho canónico. Pero la anécdota es algo más que eso porque resulta que sobre el mismo problema su antecesor, siendo cardenal, se puso muy digno para decir todo lo contrario. Fue en el año 1998, según cuenta el libro La provocación del discurso sobre Dios (Trotta, 2001, pp. 96-99). Tras una conferencia de Joseph Ratinzger, a la sazón responsable de velar por la pureza de la fe cristiana, alguien del público, un párroco del Ruhr, le pregunta si no podría Roma cambiar el rigor con el que trata a los divorciados, permitiéndoles, por ejemplo, acercarse a la comunión. Ratzinger le respondió que no había nada que hacer, que romper un compromiso como el matrimonio supone un daño irreparable, y que nadie, ni siquiera el Papa, puede cambiar la norma. La única forma de compasión que puede ofrecer la Iglesia a los homosexuales o a los divorciados es "ayudar a aprender a sufrir y a identificar lo positivo que hay en el sufrimiento".

El discapacitado, diferente pero no inferior

                   Un ciego puede ser juez. A esta brillante conclusión llegó recientemente el Consejo General del Poder Judicial tras debatir concienzudamente si el invidente Pérez Castellanos, un vallisoletano, podía o no podía ser juez.

            Sorprende que los magistrados del CGPJ tuvieran tantas dudas y tardaran nueve meses en tomar una decisión. Digo que sorprende porque desde antiguo se representa a la justicia como una dama con los ojos vendados, empuñando con la mano derecha una espada mientras sostiene con la izquierda una balanza. La venda y la espada están ahí para simbolizar y defender la imparcialidad de la justicia.

            Ahora bien, si la venda que vela la visión se ha hecho sospechosa ¿es porque los jueces han renunciado a la imparcialidad? No ha mucho el ex-fiscal anticorrupción, Jiménez Villarejo y el magistrado Doñate Martín, firmaban un libro sobre la justicia española titulado Jueces, pero parciales. Sería terrible que esa fuera la explicación. Aún reconociendo sonoros casos de manifiesta parcialidad, la explicación más ajustada a los titubeos del Poder Judicial sobre la idoneidad de un invidente para impartir justicia hay que buscarla, empero, en la valoración social de la ceguera.