22/11/20

El libro que Francisco recomendó a Pedro

            Del encuentro que el Papa Francisco mantuvo hace unas semanas con el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, saltó la noticia de que el Papa había recomendado al político español un libro escrito por un comunista judío titulado Sindrome 1933. Hablaban del peligro que encierran las ideas doctrinarias y, para conjurarlas, el Papa recomendaba este libro.

             1933 es el año en que Adolf Hitler “asalta el poder” y es nombrado Canciller. El libro se pregunta cómo fue posible que en el país más culto de Europa –en Alemania se vendían más periódicos que en Italia, Francia y Gran Bretaña juntos- llegara al poder, por vía democrática, un partido político de matones con un cabo desquiciado al frente.

25/10/20

La fraternidad, de Robespierre a Francisco

            Acaba de aparecer la última encíclica del Papa Francisco, Fratelli Tutti, un alegato a favor de la fraternidad como virtud política. La encíclica es un género literario de difícil ubicación: es un discurso cristiano, sí, pero dirigido a toda “persona de buena voluntad”. Puede conseguir, como en este caso, que irrite a creyentes conservadores y la aplaudan agnósticos aperturistas.

             No se puede decir que las encíclicas hayan cambiado el rumbo de la historia, entre otras razones porque los católicos no se sienten obligados a cambiar sus prácticas políticas o económicas por lo que diga el Papa, pero no han sido inútiles porque venían a reforzar determinados valores humanistas, también defendidos por otros líderes mundiales, religiosos o laicos, que han hecho camino. Pensemos en causas como la de los emigrantes, el hambre en el mundo, la pena de muerte o el recurso a la guerra. En estos temas la voz del Papa ha estado del lado bueno.

27/9/20

La nueva ley de memoria democrática, a examen

                 No han pasado en vano los trece años que van desde la primera ley de Memoria Histórica, en el 2007, y esta nueva cuyo proyecto acaba de ser aprobado por el consejo de ministros. Ha crecido en la sociedad el concepto de memoria y por eso en la nueva ley el Estado se encargará de oficio de abrir las fosas comunes, se declararán nulos juicios y sentencias que operaron sin garantías procesales y se rehabilitará el Valle de los Caídos.

                    Es el momento pues del debate público sobre lo grande y lo pequeño de la ley.

La memoria, una lectura moral del pasado

             La rodilla de un oficial de policía estadounidense clavada en el cuello de un negro, George Floyd, durante 8 minutos y 46 segundos, ha encendido una protesta a lo largo y ancho del planeta contra el maltrato racial. Lo que tiene de singular es que la indignación alcanza a la representación, es decir, a la memoria de ese pasado racial. Se protesta contra el abuso policial y, a partir de ahí, contra una cultura que ha sido tan cómplice y complaciente contra la discriminación racial. Tengamos en cuenta, por ejemplo, que la esclavitud ha estado justificada en Occidente desde Aristóteles, hace veinticinco siglos, hasta antesdeayer, sin olvidar la aquiescencia de las teologías y de la iglesia. En el convento de la Encarnación de Ávila, donde ingresó Teresa de Cepeda y Ahumada, las monjas ricas tenían en sus propias celdas esclavas que las atendían. Ha habido mucha complacencia con la trata de esclavos en el pasado, de ahí que la ola de indignación está tomando la forma de un terremoto iconoclasta que ataca todo monumento o acontecimiento emparentado con ese pasado.

             Se entiende por ejemplo que descendientes de esclavos no tengan que soportar estatuas dedicadas al famoso Colbert, el ministro del Luis XIV que redactó El Código Negro que legalizaba su expulsión de la condición humana, pero es que la furia iconoclasta está atacando a figuras como las de Bartolomé de las Casas o Junípero Serra por la sencilla razón de que fueron a Indias olvidando que ellos son parte fundamental de la historia de libertad de los negros.