6/12/16

Democracia y memoria, ¿dos categorías en conflicto?*

            De una manera instintiva relacionamos democracia con consenso  y a la memoria con conflicto porque abre heridas que desazonan. Jorge Semprún lo formula de la manera más extrema cuando dice, dando título a un libro suyo, "La escritura o la vida". Había que elegir entre la memoria que alimenta la escritura o sencillamente vivir. El eligió vivir aunque su vida, la del Federico Sánchez, en ese tiempo fuera todo menos sencilla.

            Slomo Ben Ami  también apunta la conflictividad de la memoria cuando afirma que hay decidirse entre "la justicia o  la paz". Cuando habla de justicia se refiere a la respuesta justa que merecerían las injusticias pasadas. Ese camino no lleva a la paz. Para vivir en paz -y se lo dijo a los palestinos y lo repitió en Bilbao, dirigido a los vascos- el camino es pasar página.

            Lo que late en formulaciones de ese tipo es que la política es de los vivos y no puede echar la vista atrás. La obligación del Estado es asegurar la vida de los vivos. Marx en La Cuestión Judía dice que todos los derechos humanos se resumen en el concepto de seguridad ("el derecho a que se le asegure al ciudadano la vida y la hacienda").

            Sólo podríamos superar esa conflictividad entre memoria y política si estableciéramos una relación entre la justicia de los vivos (lo que Benjamin llamaba "felicidad") y el hacer justicia a los muertos ("redención"). ¿Es eso posible? Digamos que esa relación siempre ha estado ahí como un problema y que la cultura lo ha resuelto a su modo, a saber, invisibilizando a los muertos. Son el coste del progreso. Hegel dixit. Así ha sido hasta que se han hecho visibles, un asunto tan reciente que muchos victimarios (ni ETA ni su entorno) se han enterado bien de qué va esto. La razón mayor de esa visibilización es un asunto de la memoria.

28/11/16

La cuestión catalana en tiempos postnacionales

            La riada humana de la Diada puso sobre la mesa la cuestión catalana. Mientras en Madrid la crisis económica servía de escusa para azuzar un viento en contra de las autonomías, Barcelona consiguió repentinamente cambiar su dirección apuntando ahora hacia la independencia. Desde entonces no parece que haya otro debate que tomar posición a favor o en contra, como si no hubiera nada más que decir.

22/11/16

El criminal que donó sus órganos

            "¿Está bien donar órganos de alguien que ha matado a otras personas?", "¿pasa algo por llevar dentro de ti el órgano de una persona que ha matado a otro"? y "¿se trasplanta el alma con el órgano?". Si estas preguntas salen al final de una noche de copas, la cosa se comprende. Si las profiere el busto parlante de Mariló Montero desde la solemnidad de un programa como "las mañanas de TVE", hay que pellizcarse para asegurarse de que uno no está soñando porque el cóctel de ciencia, ética y filosofía que ahí concurren es de aúpa. La cosa no tendría mayor importancia si no fuera porque esas torpes preguntas han encontrado un extraordinario eco en prensa, radio y redes sociales. No es sólo la impulsiva periodista la que anda preocupada con estas preguntas, sino la sociedad de oyentes y videntes que se ha sentido expresada por ella y eso sí merece atención.

15/11/16

Contrarreforma educativa

            La ruidosa ley de educación que prepara el ministro Ignacio Wert invoca dos motivos para justificarse: el  fracaso escolar existente y la mejora de la calidad. Si lo prioritario fuera el fracaso escolar, habría que preocuparse sobre todo de los que van mal; si la razón fuera mejorar la calidad el acento habría que ponerle en los que van bien, para hacerles más competitivos. No son objetivos fáciles de casar en tiempo de escasez, pero tampoco importa porque cada día aparece más evidente que la razón verdadera es doctrinaria.

         No son los alumnos lo que importa sino los principios ideológicos conservadores resguardados tras la consigna "libertad de enseñanza". Esa fue la bandera que los propietarios de los colegios privados, mayoritariamente de la Iglesia católica, enarbolaron durante el debate constitucional. El artículo 27 recoge ese principio junto a otro, de orientación ideológica opuesta, "el derecho a la educación", que plantea la obligación del Estado a proporcionar una enseñanza general y gratuita. Aunque los dos principios se avienen mal, la Constitución ofrece un marco de convivencia teórica que no ha encontrado una fórmula de consenso.