No sé le da bien a ETA pedir perdón.
Acostumbrada a tomar los asesinatos por actos patrióticos, a los matones por
héroes, y el sufrimiento de la población por mercancía con la que negociar, lo
de pedir perdón es como adentrarse en territorio desconocido. Las víctimas, en
particular, y la opinión pública, en general, no se lo han tomado en serio. No
se puede aceptar que achaquen la muerte de inocentes a “errores” estratégicos o
que sólo pidan perdón a víctimas que pasaban por allí.
ETA no entiende que su problema no
reside en un mal cálculo de una acción terrorista sino en la acción misma. Una
acción terrorista por principio tiene que producir terror en la población en
base a atentados que pueden alcanzar a cualquiera. El problema no es que la
bomba asesine a niños sino que se recurra al asesinato para obtener un fin
político. Lo que ETA aún no ha entendido es que asesinar a alguien por razones
políticas no es defender una idea sino cometer un crimen.