10/6/18

O pedir perdón o ser un perdonavidas


            No sé le da bien a ETA pedir perdón. Acostumbrada a tomar los asesinatos por actos patrióticos, a los matones por héroes, y el sufrimiento de la población por mercancía con la que negociar, lo de pedir perdón es como adentrarse en territorio desconocido. Las víctimas, en particular, y la opinión pública, en general, no se lo han tomado en serio. No se puede aceptar que achaquen la muerte de inocentes a “errores” estratégicos o que sólo pidan perdón a víctimas que pasaban por allí.

            ETA no entiende que su problema no reside en un mal cálculo de una acción terrorista sino en la acción misma. Una acción terrorista por principio tiene que producir terror en la población en base a atentados que pueden alcanzar a cualquiera. El problema no es que la bomba asesine a niños sino que se recurra al asesinato para obtener un fin político. Lo que ETA aún no ha entendido es que asesinar a alguien por razones políticas no es defender una idea sino cometer un crimen.

28/5/18

Por qué he escrito “El tiempo, tribunal de la historia” (*)


            En las presentaciones de libro hay invitados que hablan del libro y luego el autor responde. Aquí me he permitido variar el formato. He querido empezar contando lo que he querido decir con el libro. Reconozco que es una anomalía porque se entiende que lo que he querido decir es lo que he escrito. Y libre es el lector de hacer sus lecturas. Si tengo que explicar lo que he querido decir es porque no lo he conseguido escribiendo el libro. Es posible que haya algo de eso. Pero, a pesar de todo, lo hago por si puedo ahorrar al lector una trampa. Hablo efectivamente de asuntos sobre los que ya he escrito y hablado. El peligro es pensar que “vuelvo otra vez” sobre los mismos temas. Vuelvo efectivamente pero con un propósito nuevo. Y es ese propósito nuevo el que quisiera poner de manifiesto en esta presentación. Es posible que esa intención que ahora quiero explicitar haya estado siempre latente, incluso sin yo saberlo tan claramente. Quizá, pero nunca como ahora había sentido la necesidad de ponerlo blanco sobre negro.

9/5/18

De la risa al llanto


            En la temporada pasada brilló en la cartelera madrileña El Inspector, la pieza teatral de Nikolai Gogol. Lo original de esta obra escrita hace dos siglos sobre un tema tan viejo como la corrupción, es la complicidad del espectador. El público no deja de reírse. La risa es aristocrática ya que quien ríe piensa estar un codo por encima del objeto o del sujeto risible. El espectador se ríe porque el alcalde desvergonzado que engorda su cartera con los consabidos sobornos, no se entera de que, a su vez, está siendo estafado por un perillán de su misma escuela. Hasta que harto de las risitas que le llegan del patio de butacas se vuelve al público y le espeta sin miramientos: "¿de qué os reís? ¡si os estáis riendo de vosotros mismos". Son ellos, los que ríen, quienes les han elegido por como son. Deberían sentirse orgullosos por lo bien que les representan.

25/4/18

Hay memorias que olvidan


            Las exposiciones como los museos pueden ser un viaje al pasado o un traer el pasado al presente, que no es lo mismo. Ejemplo del primer caso es el Museo de la Memoria de Santiago de Chile. El visitante es introducido en un tiempo pasado que le absorbe ciertamente pero que poco o nada tiene que ver con el presente. Su lema es “érase una vez”. Todo lo contrario de quien se adentre en la Casa de la Memoria de Medellín (Colombia). En ella el pasado está vivo. La vida de la ciudad está vinculada al pasado violento que tuvo lugar en ese mismo espacio. Se invita al visitante a que tome la palabra y cuente cómo lo vivió y cómo ese pasado ha marcado su biografía.