11/1/15

El talante importa más que los contenidos

            Pablo, el de Podemos, quiere hablar con Francisco, el del Vaticano, ya sea en Roma o en Vallecas, porque piensa que tienen algo que decirse. Puede parecer presuntuoso que un recién llegado a la gloria de la política, como Pablo Iglesias, busque el compadreo con alguien que viene de muy lejos. Son dos mundos efectivamente inconmensurables pero que tienen, sin embargo, un punto en común: ambos representan un tiempo nuevo que despide a otro, ya agotado.

            Hay una saturación en el ambiente que anuncia, a quien quiera  oírlo, que el futuro no será más de lo mismo. Esa saturación es evidente en las instituciones de la Vieja Europa, pero también se observa en el Nuevo Mundo, por ejemplo, en México. Lo que hasta ahora era tolerado, ya resulta insoportable. Esto vale para la corrupción, pero también para el funcionamiento de los partidos.

En torno a la Vida es Sueño

            Oí hace poco decir a Helena Pimenta que una directora sobre todo tiene que decidir. La Vida es sueño ofrece múltiples posibilidades. Hay saber elegir un camino y ser consecuente. Blanca Porillo me aclaró el camino seguido en este caso: le interesó el Segismundo frágil, maltratado por la vida, falto de calor, y que lucha por ser él, por conquistar lo que se debe a un ser humano. Ese camino elegido no es el único ni seguramente el más frecuentado, pero es quizá el que explica su gran éxito, si se puede hablar así.

            Quisiera detenerme en ese Segismundo: nace, como los héroes clásicos, Edipo o Moisés, condenado; como ellos lucha contra su destino, aunque  a diferencia de ellos escapa del destino, le sortea y le vence. Se libera de las cadenas que no sólo le privaban de la libertad sino que le animalizaban. Conquista la humanidad: alcanzando la libertad y algo más. En esto quisiera detenerme.

4/1/15

Una claridad subversiva

Presentación del libro de José María Castillo, La laicidad del Evangelio.

            1. Yo he venido por una botella, para devolver una botella de Porto que José María nos entregó en  Oporto, a Tere y a mi, hace tres años y yo no veía la ocasión de hacerla llegar a su dueño.  Habíamos participado en un congreso sobre religión y los organizadores nos obsequiaron con unas botellas de Porto. Como José María volvía por avión y viajaba con bolsa de mano, no podía traérsela, así que nos hicimos cargo de ella nosotros, que viajábamos en coche, con la promesa de que José María vendría a buscarla. Pero no vino, así que su llamada me brindaba la ocasión de devolverle lo que era suyo. Fue entonces cuando le conocí por primera vez.

            También sentí una gran alegría y gratitud por la invitación que hizo hace unas semanas para participar en esta presentación. Cuando le conocí en Oporto experimenté una de esas "afinidades electivas", una cercanía trabajada a lo largo del tiempo, que me llevó a aceptar la invitación sin dudarlo, aunque yo en ese momento estaba haciendo las maletas para ir a México de donde acabo de regresar.

Un regalo envenenado

            Javier Cercas dice que le tocó la lotería el día que Enric Marco pasó de heroico superviviente a vulgar estafador. Tenía tema, el tema de El Impostor, en el que Marco es parábola de nuestro tiempo o arquetipo de cómo nos comportamos.

            Marco no es desde luego el primer estafador. Hace casi veinte años Wilkomirski, autor suizo de Fragmentos, un libro donde se inventaba una falsa infancia en un Lager, provocó un cataclismo. La razón de esta conmoción tenía que ver con la significación de Auschwitz, un acontecimiento singular porque fue impensable, es decir, escapó a las coordenadas del conocimiento. Sólo nos era accesible su significación a través de los testigos. La memoria de los supervivientes adquiría un valor epistémico de primer orden. La memoria era el a priori del conocimiento, lo que da que pensar. Un engaño en el testimonio suponía un atentado al pensar después de Auschwitz y eso no se podía tolerar.

            El debate consiguiente se centró en la verdad de lo ocurrido y cómo contarlo. Estaba claro que había zonas de aquella realidad  que escapaban a la historia y sólo nos eran accesibles desde le memoria que no es sólo subjetiva, sino objetiva; que no produce sólo sentimientos, sino también conocimiento. La memoria del filósofo o la del narrador no es la del historiador.

            Mucho de estos debates asoman en la poderosa novela de Cercas, aunque él, cuando ejerce de ensayista, opta por desacreditar la memoria. Se cuela en su obra el debate español sobre memoria e historia y eso desorienta mucho. Porque al entender la memoria como quieren los historiadores (algo subjetivo y sentimental), tira piedras sobre su propio tejado. Al fin y al cabo, lo que aquí nos convoca es un caso de falso testigo para descubrir algunas verdades a través de una mirada moral al pasado: la memoria.

Reyes Mate (El País, Babelia, 22 de noviembre 2014)