El mes de mayo nos trae, con las flores, la oferta de libros como regalo de primavera. Vienen casi de puntillas, como pidiendo permiso, por si molestan. Si comparamos la llamada de los libros con la de cualquier otro producto que se nos vende en un supermercado, ya sean tarros de mermelada o un exprimidor de naranjas, advertiremos que los libros están quietos en sus estanterías y sólo enseñan el lomo; los tarros o electrodomésticos aparecen erguidos, desafiantes, como queriendo asaltarnos o tirarnos de la chaqueta para que nos detengamos. Los libros son mansos; las mercancías, agresivas.
Un observatorio atento a los desarrollos multidisciplinarios de la cultura anamnética, particularmente en la relación de la memoria con la política, la moral, el derecho, la religión, la literatura y las artes escénicas. Este blog incluye una recopilación de trabajos de Reyes Mate (artículos, conferencias, reseñas ya publicados y textos inéditos). Posteriormente acogerá trabajos de otros autores.
21/5/22
En mayo, con libros a porfía
15/5/22
Quieren secuestrar a Dostoievsky
Entre las víctimas de la invasión rusa de Ucrania hay grandes nombres de valor universal, con la particularidad de que no han caído en el campo de batalla, sino junto a nosotros. El Teatro Real de Madrid, por ejemplo, ha suspendido la actuación del Ballet Bolshoi; en Málaga peligra su Museo Ruso, con obras de Kandisnky. Músicos como Tchaikovsky, directores de cine, como Tarkovsky, maestros universales de la cultura, son vetados como vulgares maleantes. Este marcartismo del siglo XXI también ha alcanzado a escritores como Tolstoy y Dostoievsky: la Universidad de Milán ha cancelado un curso sobre el autor de Crimen y Castigo, y el alcalde de Florencia ha tenido que fajarse para impedir que el populacho derribara una estatua en su honor.
23/4/22
Auschwitz, hoy ¿más cerca de la repetición que de la interrupción?
1. El legado moral de Auschwitz se puede resumir en una proposición: que no se repita y, para eso, ahí está la memoria. Extraña estrategia pues la memoria tiende a la repetición, menos ésta que se propone “el nunca más”. La pregunta que tenemos que hacernos entonces es ¿hemos recordado? ¿hemos conjurado el peligro de repetición?
La
respuesta es inquietante: hemos recordado, sí, pero no hemos conjurado el
peligro. Habrá que preguntarse si es por la mala calidad de la memoria o porque
ésta no basta. Veamos.
2/4/22
Sobre la banalidad del mal
La expresión “banalidad del mal”, utilizada por Hanna Arendt al final de Eichmann en Jerusalén, causó gran desconcierto. Prueba de ello es el comentariado malhumorada de un Gershom Sholem lamentando cómo Arendt hubiera cedido a la tentación del lenguaje publicatorio, ella que estaba tan bien encaminada hablando del asunto en términos de “radicalidad del mal”(1). Arendt le contestó con un cierto desparpajo que sí, que “he cambiado de opinión” y por eso ya no habla de mal radical.