6/11/22

Educar en la televisión, empresa heroica

             La tele no parece muy recomendable para quien quiera educarse. Puede divertir y, hasta cierto punto, informar, pero no parece que la educación sea uno de sus fuertes. Por eso resulta sorprendente que haya un programa educativo, La Aventura del Saber, que ha podido celebrar su treinta aniversario. No es concurso sino una conversación, de ahí su mérito. La sorpresa que suscita su longevidad se explica porque damos por inevitable que la tele es la caja tonta que sirve de publicidad a los políticos y que busca audiencia aunque sea, como dice el crítico televisivo, Ferran Monegal, haciendo picadillo las intimidades de los que se presten por un puñado de dólares.

             Hace unos días la viñeta de El Roto presentaba a un hombre frente al televisor con este rótulo: “No nos interesa que no creas lo que ves. Lo que cuenta es que nos veas”. El mensaje está claro. Si te pones delante del televisor, acabarás pensando como diga el televisor. Si decimos, con razón, que la nuestra es la civilización de la imagen es porque ella nos moldea. Si nos fijamos bien en el texto de la viñeta, no pone el acento en el aspecto económico (“acabarás comprando lo que te presentamos”) sino en el intelectual: “acabarás creyéndote lo que nosotros queramos”.

14/10/22

Nadal, déjalo ya

             Hace unas semanas Rafael Nadal recogió sus bártulos de jugar a tenis y nos dijo adiós. “Necesito”, dijo, “volver a casa. Tengo cosas mucho más importantes que el tenis que atender”. El hombre que durante años nos ha acompañado hasta en la intimidad con una raqueta de tenis, se iba del US Open porque tenía cosas que hacer mucho más importantes que dar raquetazos a una bola.

             A todo el mundo le ha ocurrido esto de abandonar un partido de fútbol con los amigos porque algo serio ocurría en su casa, pero que Rafael Nadal, el héroe tenista que nos ha redimido de tantos sinsabores, nos deje porque en su vida hay algo más importante que jugar y ganar, nos ha llenado de estupor.

12/9/22

Más piedad en la naturaleza que en la voluntad de los pueblos

            La pertinaz sequía que asola a toda Europa ha descubierto el secreto ocultado por las aguas del Danubio. Al secarse el cauce han aparecido en los fondos del río los restos de numerosos barcos alemanes hundidos durante la II Guerra Mundial por el Ejército Rojo en su ofensiva final. Algunos de esos barcos, cargados de municiones, convierten el río en un campo de minas. Por un momento las celebradas aguas del Danubio han dejado de discurrir al son de un vals para recordarnos música de guerra.

             Tiene su gracia que la naturaleza se haya encargado de recordar lo que la historia se empeñaba en olvidar. El Danubio que recorre media Europa se ha convertido en una metáfora de nuestro tiempo: cuando la historia olvida, la naturaleza recuerda, dando a entender con ello que hay más compasión en los severos ciclos naturales que en la voluntad de los pueblos. Aunque resulte extraño, hay más memoria en las piedras de una ruina que en muchas páginas de historia. Las ruinas no mienten pues no necesitan discursos para dar testimonio de un pasado desgraciado. Hasta pueden haber pertenecido a un imperio, como las piedras de los Foros Romanos, pero que, al convertirse en ruinas, están mandando el mensaje de la fugacidad del triunfo. Otras veces, como las de los buques hundidos, son el testimonio de la derrota. En ambos casos brilla el poder memorial de la naturaleza por encima de la conciencia de los humanos, por eso los alemanes se están preguntando hoy qué pasó en ese y otros ríos tan llenos de naufragios.

22/8/22

Cursos de felicidad

             Vivimos un tiempo deprimente. Entre los incendios, la guerra, las calores y el incremento del IPC, no hay lugar para el respiro. Ya sabíamos que el periodismo tiene querencia por las malas noticias. Lo nuevo, sin embargo, es la sospecha de que puede que no las haya buenas, por eso merece la atención una información reciente que habla de felicidad. En las universidades de Oxford y Harvard se enseñan materias tan clásicas como la física y tan innovadoras como la inteligencia artificial. Bueno pues lo nuevo, nuevo, es la enseñanza de la felicidad.