4/12/22

De cristianos y comunistas

            Un juzgado suspende la impresión de un sello de correos que conmemoraba el centenario del Partido Comunista de España a instancias de una asociación de Abogados Cristianos. La demanda, recién desestimada, ha dejado, sin embargo, perplejos a muchos ciudadanos españoles de una cierta edad, aunque no sean comunistas.

             Sabido es que hubo un tiempo en el que el comunismo y la Iglesia Católica se llevaban mal. Basta echar un vistazo a los escritos de Lenin, en un caso, y a los anatemas del Primer Concilio Vaticano, en el otro. Quien supo sacar partido de ese enfrentamiento fue la dictadura franquista que se presentó como adicta a la Iglesia y declaradamente anticomunista. Según cuentan en sus memorias, tanto Churchill como Roosevelt fue su anticomunismo lo que salvó a Franco de que su España hubiera acabada derrocada como la Italia fascista y la Alemania nazi. Para la guerra fría que entonces se iniciaba les iba mejor una España anticomunista que una República con comunistas.

27/11/22

El poder de la justicia y la impotencia del ciudadano

El poder de la justicia y la impotencia del ciudadano

             Un buen día Josef K se despertó con la desagradable sorpresa de que su dormitorio se había convertido en una sala judicial. La vuelta a la realidad, después del sueño, significaba vivir la vida como un inacabable proceso donde lo que menos importaba era substanciar si era culpable o inocente. Lo importante es que K sintiera que su vida no dependía de él porque estaba al albur del tribunal.

22/11/22

Kafka en un juzgado de Gijón

             Un día de la pasada primavera me desperté culpable. El cartero me entregó un sobre certificado del Juzgado de Instrucción Nº 4 de Gijón que escondía en su interior una sentencia, firmada por su titular, en la que se me condenaba por haber robado en el mes de octubre del año 2021 el móvil de una menor, en una discoteca de Gijón, a altas horas de la madrugada.

             Para alguien, como yo, domiciliado en Madrid, que no pisaba Gijón desde hacía cuatro años, y tampoco una discoteca desde otros muchos más, la sentencia condenatoria me sumió en una perplejidad no ayuna de curiosidad porque ¿cómo la Magistrado Juez había podido llegar a esa conclusión? No hace mucho detuvieron a un respetable ciudadano porque el nombre y dos apellidos coincidían con los de un delincuente. Aquí no había malentendidos. Como me dijo una vez José Saramago “nadie se llama Reyes Mate”.

13/11/22

Pensar en español en tiempos de globalización*

            Preguntarse si se puede pensar en español o en qué consiste, es una rareza. A un alemán no se le ocurriría hacerse la pregunta porque da por sentado que un alemán piensa y que, cuando piensa, es para todo el mundo. Uno de ellos, Martin Heidegger, escribió un célebre artículo, titulado “¿Qué significa pensar?” No añadió la coletilla “en alemán” porque él bien sabía que el alemán, cuando piensa, es para todos, como si la racionalidad fuera alemana.

             Para los hispanohablantes la cosa es muy diferente. Tenemos que preguntarnos si se puede pensar en español, porque hay dudas, motivadas por opiniones externas y, otras que alimentamos nosotros mismos.

             Empecemos por las primeras. Este mismo Heidegger dejó dicho en una entrevista que publicó póstumamente Der Spiegel, que “pensar, pensar, sólo en griego o en alemán”. Este chauvismo no era cosa exclusiva suya sino que venía de lejos. El gran Hegel ya había decretado que lo más preclaro de la inteligencia mundial era centroeuropeo, es decir, añadía, “germánico y protestante”. De un plumazo colocaba a las culturas sureñas, como la española, fuera del mapa, en el margen. Nosotros éramos, en su jerga, “semitas” pero no “arios”. Los latinoamericanos salían peor parados pues de ellos decía que “tenían geografía pero no historia”, es decir, estaban más cerca del momento animal que del racional o, dicho de otra manera, eran más una expresión de la naturaleza que de un proyecto humano. Es recomendable para quien quiera profundizar en este punto leer el texto de Ortega y Gasset, “Hegel y América”, donde el pensador del Manzanares saca los colores al atropello ideológico que perpetra el pensador alemán.