1. De nuestro tiempo se ha dicho que
es “la era del testigo”, “la época de la memoria” o el de la “centralidad de
las víctimas”. Son expresiones exageradas de un fenómeno nuevo caracterizado
por el interés por la memoria, la narración, el testimonio. Lo podemos dejar en
un tiempo de “visibilización de las víctimas”, lo que no es poco. Hay hechos
que así lo confirman, por ejemplo, la aparición de las víctimas sólo en la
última tregua de la organización terrorista vasca, ETA, lo que no había
sucedido en las dos treguas anteriores donde los únicos actores eran el Estado
y ETA. También, el papel que están jugando las víctimas en las conversaciones
de paz en Colombia, sin olvidar el papel del Holocausto en el mundo entero. Se
ha institucionalizado en muchos países el “día del Holocausto”, lo que habla
bien claro de la presencia de las víctimas en nuestro presente. En historiador
Enzo Traverso señala, no sin cierta ironía, que ya no hay peligro de olvido de
Auschwitz (1).
Es
una novedad importante desde el punto de vista cultural y de su alcance
epistémico puede que aún no seamos conscientes. Nos damos cuenta de su
importancia si tenemos en cuenta el peso en nuestra cultura de las tesis que se
han opuesto de una manera consciente a esa visibilización. Pensemos, por
ejemplo, “en la cultura de olvido”, tan bien representada por Nietzsche cuando
decía “para vivir hay que olvidar”, o de Descartes: “si tenemos la razón ¡para
qué acordarse¡”. Añádase la política del “pasar página” o, si se prefiere, del
“echar al olvido” que según Slomo BenAmi es la más seguida a la hora de superar
conflictos.
Eso
ha cambiado y nos podemos preguntar que por qué o cómo explicarlo. Seguramente
porque se han dado muchos otros cambios que han confluido aquí. Y podemos
nombrar algunos: en primer lugar, que la humanidad ha hecho la experiencia de
que para vivir hay que recordar y no sólo olvidar. Esta experiencia ha sido
determinante. También los avances en el desarrollo de los Derechos Humanos que
nos permiten hablar hoy en derecho de Justicia Transicional y Justicia
Restaurativa, figuras en las que la memoria de las víctimas juega un papel
destacado. Sin olvidar la aparición de las Comisiones de la Verdad y de la
Reconciliación en varios decenas de países. La historia, el derecho, la
política y la sociedad se han implicado manifiestamente en esta visibilización.
Sería interesante una tesis doctoral sobre estos cambios que tuviera en cuenta
datos empíricos y también cambios de mentalidad.
2. A falta de esa ambiciosa
explicación, lo que me propongo, más modestamente, para responder a la pregunta
inicial, es reflexionar sobre la relación entre víctimas y violencia. Es
evidente que hay una relación obvia. A mayor prestigio de la violencia, más
víctimas. De esto hay que hablar pero también de algo más: del lugar de las víctimas
en las críticas a la violencia. Si el primer enfoque es obvio, éste segundo es
mucho más sorprendente. Así que analizaremos, por un lado, la relación entre
prestigio de la violencia y generación de víctimas y, por otro, el lugar (o no
lugar) de las víctimas en las críticas de la violencia.