4/12/24

El culto del dinero

             Nos dicen que el Jefe de Delitos Económicos de la Policía Nacional de Madrid ha sido detenido por robar, presuntamente. Ya de por sí la noticia es sorprendente pero la sorpresa se acerca al esperpento cuando nos explican que el caballero había emparedado en su domicilio unos quince millones de euros. Si uno entierra en vida esa cantidad es porque renuncia a utilizarla, algo que el hombre estaba dispuesto a cumplir a rajatabla pues nada externo dejaba traslucir que era un millonario en euros. No quería tener el dinero para gastarlo sino para poseerlo. Esto que parece una rareza en una sociedad de consumo tiene, sin embargo, un valor simbólico de gran calado. Es verdad que hay mucha gente a la que el dinero no alcanza, de suerte que si lo tuviera sería para cubrir sus necesidades. Pero la gran mayoría de los que tienen dinero de verdad, no lo poseen para gastarlo pues tienen sus necesidades y las de los suyos ampliamente cubiertas. No lo tienen para vivir; incluso podemos decir que viven para tener más dinero. Les pasa lo que al avaro de El Pequeño Príncipe de Saint Exupéry que compraba estrellas para tener más dinero y así poder comprar nuevas estrellas con las que multiplicar el dinero. Nada extraño el comentario de aquel maravilloso niño: “la gente adulta no tiene arreglo”. Bueno pues estos ricos pueden ser una minoría pero expresan el ideal de otros muchos y, sobre todo, su modo de entender el dinero responde a lo que se lleva.

20/11/24

La teología política de José Jiménez Lozano*

1. El escritor abulense afincado en Alcazarén deja una obra escrita en múltiples claves. Autor de cuentos y novelas, ensayista, periodista  y poeta, lo mismo hace incursiones en la historia que en la mística. Decía Hannah Arendt de Walter Benjamin que pensaba en forma poética, sin ser poeta; que escribió como nadie sobre el pasado sin ser historiador; que buceó en la religión sin ser teólogo; que tenía una cultura mundial sin ser un erudito. Para responder a la pregunta de qué era lo propio de un ser tan polifacético tuvo que pedir ayuda al Das bucklichte  Männlein, un entrañable hombrecillo del imaginario infantil protagonista de los cuentos alemanes. Lo propio de esta figura literaria, tan ingenua y frágil, era contemplar el mundo como si éste acabara de ser creado. Benjamin parecía como que lo descubría todo por primera vez: la belleza del caos, la torpeza de la inteligencia, el colorido de lo marginal…Por eso la madre pedía a Benjamin que rezara todas las noches para que no les faltara la mirada capaz de asombrarse.

Algo parecido puede decirse de Jiménez Lozano. Es verdad que tuvo una profesión, periodista, pero el resto de sus aficiones fueron por libre, al margen de compartimentos académicos. Difícil pues encasillarle porque el escritor es también ensayista y el ensayista poeta. Para entenderle hay que descubrir la atalaya desde la que él miraba el mundo. Sólo entenderemos el alcance histórico de Jiménez Lozano si descubrimos la naturaleza del vínculo que atraviesa todas sus actividades o la luz que ilumina todas sus incursiones pues de lo contrario todo quedaría en decir que fue un buen novelista o un estimable poeta o un ingenioso ensayista o un erudito articulista o un divertido conferenciante. La existencia y potencia del vínculo es lo que conforma su status histórico. Si no queremos convertir a Jiménez Lozano en una prolongación de nuestra propia sombra, deberíamos acercarnos a ese su propio punto de vista.

30/10/24

El museo, Arca de Noé y cuarto oscuro

             “No hay documento de cultura que no lo sea también de barbarie”. Quien esto decía estaba pensando en las pirámides de Egipto y en las catedrales góticas, obras artísticamente admirables pero que fueron construidas gracias a una mano de obra esclava que tenía que trabajar bajo condiciones inhumanas.

             Al mundo de la cultura no le hizo gracia la idea porque entendía que la obra de arte se mide por ella misma, por el producto final, independientemente del material usado o de las circunstancias de la creación. Importa poco si van Gogh no vendió un cuadro en su vida o si Franz Schubert murió en la miseria o si Céline fue un fascista. Lo que merece atención es la calidad de la obra. Hay que separar la historia de la cultura de la historia real y, la historia de la creación artística, de la historia de sus creadores.

             Este cómodo punto de vista, que es el que nos acompaña cuando visitamos relajadamente un museo, tiene un flanco débil porque la mayoría de los grandes cuadros llevan la historia dentro. Si son geniales es porque reflejan su tiempo y ahí queda, documentado para siempre, independientemente de la intención del autor. Recordemos Las Meninas de Velázquez. Aparece la familia real que el pintor realza desde todos los ángulos. Sobre ella dirige la intención el artista invitándonos a que le sigamos. Es verdad que en el cuadro se cuelan un par de “sabandijas”, como María Bárbola y Nicolasillo Pertusato, que no son de la familia real pero que contribuyen a realzar el color y la superioridad de las meninas. Entendemos con el autor que están para eso. Pero también podemos ver el cuadro de otra manera: desde los de abajo y preguntarnos por qué, para realzar a los unos haya que recurrir a la fealdad de los otros. En este caso los feos son unos enanos, pero bien pudieran ser negros, esclavos o colonizados, es decir, gentes y lugares que no ya en los cuadros sino en la historia han sido sometidos por aquellos para los que los pintores pintan.

             De repente la historia de la cultura se convierte en testimonio de la barbarie. Y el museo, concebido para solaz de unas élites que querían ver representada su vida y obra de una forma idealizada, se revela como una cámara oscura donde aparece toda la violencia y el cinismo que ha acompañado la historia del mundo civilizado. Bastaba colocar los mismos cuadros de una forma determinada para que la mirada del espectador fuera de abajo arriba, de lo oscuro a lo claro, del esclavo al amo.

             Y esto es lo está ocurriendo en la exposición “La memoria colonial” del museo Thyssen de Madrid. Un viaje por 76 cuadros, distribuidos en seis salas, que invitan al espectador a considerar su historia desde los vencidos. A la entrada, una pintura del siglo XVII ya detecta la presencia de esclavos negros que formaban parte del paisaje madrileño. No se habla mucho en España de la esclavitud más allá de algún episodio aislado. Lo que estos cuadros demuestran, por el contrario, es que los esclavos siempre han estado presentes aunque hayan pasado desapercibidos porque el foco estaba puesto en el Rey a quien servían o en el señor que los había comprado o en la cuna a la que se debían. Había esclavas hasta en los conventos. Estaban siempre presentes porque no se explica el éxito de Occidente sin la explotación del esclavo, pero eran casi invisibles porque carecían de entidad propia. La poca luz con la que son retratados es la que les llega de la luminosidad con la que brillan los personajes centrales que suelen ser reyes, ricos o colonos.

             Muchos pintores, como Paul Gauguin, fueron seducidos por la exuberancia de las colonias. Sus cuadros convierten a esos lugares en paraísos naturales donde unos, los propietarios blancos, se exhiben como bienaventurados, mientras otros, los nativos, vagan por los alrededores como almas en pena. Podemos suponer que los propietarios de estos cuadros querían disfrutar de esos espacios paradisíacos como si fueran invitados de los personajes pintados. Querían sentir la misma brisa, oír los mismos trinos y respirar los mismos aromas. Y cuando propietarios como la familia Thyssen dieron el paso, transformando la casa en museo abierto al público, ofrecieron al visitante la posibilidad de la misma experiencia beatífica. Y así ha ocurrido y seguirá ocurriendo, a no ser que nos cambie el paso con una ordenación de los cuadros que obliguen a desviar la mirada y veamos ese paraíso desde los excluidos. Esto es lo que ha ocurrido con la citada exposición. Comprendemos entonces que nos han pintado un idilio desde la impostura, que hemos saqueado esos lugares y expulsado a sus moradores. Hay un cuadro de Picasso muy revelador, titulado “Desnudo con paños”, que es el boceto de un rostro. Lo que ha sido visto como una genialidad, resulta ser la copia de un dibujo indígena.

             Ahora que tanto se discute sobre si pedir perdón o no por el pasado colonial, tenemos claro que el punto de vista del colonizado es opuesto al del colonizador. La exposición da un paso más al hacernos ver que el dominador redujo al dominado a peana sobre la que peraltarse. Para la normalización de la relación política entre ellos puede ser de ayuda la lectura ética de la obra artística que propone esta memoria colonial.

 Reyes Mate (El Norte de Castilla, 20 de octubre 2024)

2/10/24

Del “El tiempo es el otro” (Franz Rosenzweig) al “Dios es tiempo” (Tiemo Peters)*

La relación del discurso sobre Dios con la historia del sufrimiento siempre ha sido una pretensión de la teología aplicada. Se suponía que un mejor conocimiento de Dios debía traducirse es una vida virtuosa. Pero en la perspectiva de la teología fundamental de Tiemo Peters lo que se plantea es un discurso sobre Dios como un relato vital, que es algo muy distinto, pues se erige la experiencia en locus theologicus de suerte que sin ella la teología no sería tal.

Para hacernos una idea del tipo de desafío intelectual que supone este planteamiento hay que tener en cuenta que cuestiona el primado del concepto sobre la vida, y, de la idea sobre el discurso, que ha dominado secularmente en teología y filosofía. En ese tipo de teología clásica, el contenido material tenía vida propia y era transmitido conceptualmente. No necesitaba los acontecimientos históricos para ser pensado y menos la experiencia de quienes hablaban de Dios.

1.Mente concipio.

Ese modo de pensar, que afectaba a la teología y también a la filosofía, porque era el modo canónico de pensar de Occidente, seguía el patrón epistémico de Galileo cuando decía “mente concipio motum”. Estaba convencido de que la naturaleza manifiesta su verdad en el preciso momento en el que la mente piensa correctamente. Para los modernos el conocimiento tiene lugar en la mente como si el mundo fuera mundo en la medida en que se construye con las reglas de juego propias del sujeto. Un buen ejemplo de esta mentalidad son las matemáticas. En su versión más teórica los matemáticos descubren y solucionan problemas independientemente de la realidad, seguros como están de que en algún momento serán necesarios. Cuentan del teorema de Fermat que durante siglos fue objeto de pura contemplación intelectual, hasta que en 1979 se usó como base para la criptología que hoy sustenta el entramado de las telecomunicaciones. Las cosas son en la realidad en la medida en que se ajustan a la lógica del sujeto. Lo importante es el mundo subjetivo.

27/9/24

El secreto está en el detalle

             Mi amigo estaba indignado con lo de Gaza. No le faltaban razones pues las noticias sobre el bombardeo de escuelas, hospitales y funcionarios de la ONU no dejaban lugar a dudas. Y esas imágenes de niños muertos, padres desesperados y familias huyendo, ponen una y otra vez sobre la mesa el sentido de esta guerra. Si el Gobierno de Netanyahu la justificó al principio invocando el sagrado deber del Estado de Israel de proporcionar un lugar seguro al pueblo judío ¿cómo no reconocer que esa guerra, aunque la gane Israel, no le va a procurar más seguridad, sino menos? ¿Cómo no darse cuenta de que las bombas sobre Gaza en lugar de contribuir a liberar a los rehenes, están poniéndoles en mayor peligro, por no hablar de sus muertes? La indignación de mi amigo crece conforme habla y yo desisto de intervenir para, sin cuestionar lo que dice, añadir algún matiz. ¡Buena gana de discutir!

             Le quería decir, por ejemplo, que Hamás inició esta guerra no para ganarla sino para provocar a Israel con el fin de desprestigiarle internacionalmente, al precio, eso sí, de sacrificar a su propio pueblo; que si no hay protestas internas en Gaza es porque no se tolera la menor crítica; que Hamás tiene a Alah por objetivo, a Mahoma como modelo y al Corán como constitución, con lo que adiós a la democracia; que rechazó los Acuerdos de Oslo firmados por el líder palestino, Arafat, y Rabin, Presidente de Israel; que nunca ha reconocido la decisión de la ONU de un Estado judío en Palestina. Quería explicar a mi amigo que los palestinos desencadenaron dos guerras, que perdieron, pero que de haberlas ganado hubieran producido un desastre humanitario de dimensiones incalculables.

10/9/24

Apuntes de un inocente culpable sobre la justicia en los juzgados

             Sin justicia, dice San Agustín en La Ciudad de Dios, la sociedad sería un reino de piratas (magna latrocinia). Siglos después Francis Bacon recogería la misma idea en su premonitorio estudio Sobre la justicia universal, diciendo  “in societate civil aut lex aut vis valet”. Tenemos pues que la convivencia humana sólo es posible en una sociedad regida por la ley. Pero no cualquier norma es ley. Hay normas que tienen apariencia de ley pero son sólo fruto de la voluntad del más fuerte. Para ilustrarlo el obispo africano recuerda con cierta guasa aquella conversación de Alejandro Magno con un pirata de poca monta que ha capturado a orillas del mar. Tras reprocharle el desasosiego que provoca entre las buenas gentes con sus fechorías, el pirata respondió: “en el fondo tu y yo hacemos lo mismo. Sólo que a mí me tachan de ladrón por hacerlo con un pequeño navío, mientras que a ti te celebran como emperador por hacerlo con una gran escuadra”.

 1. Sin justicia, todo es violencia, pero para que haya justicia hace falta algo más que ausencia de violencia. San Agustín está planteando a su manera la relación entre derecho y justicia (en sentido moral). Y vistas así las cosas está claro que la respuesta del pirata tiene todo su sentido. Hoy, por ejemplo, una campaña como la de Alejandro Magno en Asia sería tratada de piratería (porque siempre ha sido una injusticia), mientras que la afición por lo ajeno del pirata, llevada a cabo en un tiempo previo al de la instauración de la propiedad privada, no tendría por qué ser considerada como un delito (porque todo sería común). Les leyes del derecho penal cambian, pero las injusticias, no.

             El derecho es una convención en el sentido de que una sociedad puede decidir calificar de delito unos determinados actos inmorales y no otros, que serían siendo malos pero no delitos. De esto hablaba Karl Jaspers en Alemania al acabar la guerra en su libro La cuestión de la culpa. Cuando se celebraba el Juicio de Nurenberg, mientras se substanciaban delitos de guerra cometidos por los grandes dirigentes nazis, el filósofo recordaba a sus compatriotas que eso sólo era una parte del problema. Si Alemania quería hacer justicia al pasado para poder empezar de nuevo, tenía que hacer frente a culpas morales y políticas que no eran delitos pero que pesaban como una losa sobre la conciencia alemana. Culpa moral era, por ejemplo, la indiferencia con la que la población aria vivió el genocidio de sus vecinos y compatriotas judíos, aunque no fuera un delito.

3/9/24

El Abrazo

             El Abrazo es el título de un cuadro del pintor Juan Genovés que figura en el Congreso de los Diputados en un lugar de honor porque representa bien el espíritu del consenso que presidió la transición. Ese consenso, por el que algunos suspiran hoy, suele asociarse a un tiempo bonacible y presto al entendimiento. Nada más lejos de la realidad. El Abrazo costó sangre y aquel consenso fue el resultado de un doloroso proceso crítico. No podemos pues hoy suspirar por la convivencia, ahorrándonos ese trabajo de revisión de las propias certezas. No se sale de la polarización reinante con un suspiro nostálgico sino con un talante autocrítico.

             Como quiera que lo que hace cuarenta años parecía evidente resulta hoy inconcebible, es de agradecer que una de esas voces del consenso de antaño se haga oír hogaño. Es una voz autorizada, a punto de extinguirse, que nos manda un mensaje en una botella para que nosotros, náufragos a la deriva, no perdamos el norte.

29/8/24

Elogio del pacifismo en tiempos de guerra

             Dos años y medio de una guerra que no parecen tener fin pese al balance demoledor para ambas partes. La BBC calcula que en este tiempo han muerto unos 60.000 soldados rusos, 30.000 civiles ucranianos y otros tantos combatientes, sin contar los seis millones de desplazados que han tenido que abandonar su lugar de residencia. A estas alturas los frentes están estabilizados y nada hace pensar que alguno gane la guerra. Los rusos, pese a la ruina económica que esto supone, no pueden perderla y los ucranianos, por mucha ayuda que reciban, tampoco ganarla. Los únicos ganadores netos de esta contienda son las empresas armamentísticas que están haciendo su agosto. Los demás, todos perdedores.

             Ante una situación así surge la pregunta ¿por qué no hay, ni insinuada, una negociación para la paz? No puede ser que la población rusa o ucraniana, que es la que pone los muertos, no prefiera un acuerdo que acabe con tanta desolación. Pero sólo se oyen tambores de guerra. El Presidente Zelensky no para de pedir más armas y los demás acuden a la demanda, prestos a vendérselas, como si la única solución fuera la guerra. A dos años y medio de la guerra gana el militarismo y pierde la política.

15/8/24

Entrevista a Manuel Reyes Mate de Sigal Meirovich el 21-07-2024 en JAD-CULTURA JUDÍA. Revista de ideas para el judaísmo contemporáneo

Manuel Reyes Mate es filósofo y profesor del Instituto de Filosofía del CSIC. Se ha dedicado, principalmente, a la investigación de la dimensión política de la razón, de la historia, de la ética y de la memoria. En 2009 recibió en España el Premio Nacional de Literatura por su ensayo "La herencia del olvido" (Errata Naturae), en el cual examina la importancia de la memoria histórica en la construcción de una sociedad justa. Desde "Memoria de occidente" (Anthropos, 1997) y "La razón de los vencidos" (Anthropos, 2008), libros anteriores, este filósofo español ha puesto la memoria en el centro del debate. En su libro más reciente, "El tiempo, tribunal de la historia" (Trotta, 2018), Reyes Mate critica la tradición filosófica, que considera incapaz de responder a las catástrofes de la razón ilustrada, simbolizada por Auschwitz, proponiendo una "razón anamnética" para abordar las catástrofes históricas, rechazando la visión dominante del progreso y adoptando una que valore la reparación y la justicia inmediatas.

El 7 de junio de 2024, en la plataforma Letras Libres, reflexionó sobre la reciente firma, por parte del personal del CSIC, del "Manifiesto por Palestina". Dicho manifiesto, siguiendo la tónica universitaria estadounidense, pide suspender toda relación académica con instituciones israelíes que no presenten un compromiso firme con la paz.

En relación a dicho texto, "Lo que oculta el manifiesto por Palestina", quisiéramos preguntarle:

Oriente Medio News: Usted dice que España en particular, pero Europa en general, se han convertido en juez y parte de este conflicto, dado que la creación del Estado Moderno de Israel se funda en una larga historia de exclusión y persecución del pueblo judío. ¿Por qué cree usted que Europa (salvo Alemania probablemente) no ha podido tomar responsabilidad seria por la construcción de un imaginario de odio y sus consecuencias fácticas?

Reyes Mate: Por la misma razón que se pensó y se sigue pensando que Auschwitz es un asunto de judíos y alemanes. No se quiere reconocer que aquella catástrofe tuvo que ver con un antisemitismo histórico, bien cultivado en España, que nos hacía responsables. Digo que somos parte del problema porque el sionismo, es decir, la opción nacionalista, solo aparece cuando el pueblo judío ha hecho la dolorosa experiencia de que los demás pueblos no le permiten vivir en diáspora, que era su propio modelo de convivencia. Las expulsiones, por un lado, y el fracaso de la asimilación, por otro, explican, entre otras causas, la legítima aspiración a tener un territorio propio. Como ese es el origen de la cuestión palestina, del que somos concausa, es por lo que no tiene sentido autoerigirse en juez. El Manifiesto manifiesta un tono de superioridad moral que me parece penoso y ridículo. Y no digo que no haya que hacer algo, pero desde la conciencia de la propia responsabilidad. Para empezar, detectar los gestos antisemitas ocultos en nuestra cultura.

OMN: Usted menciona que el conflicto israelo-palestino es un símbolo de la cuestión judía moderna, similar a la discriminación política del siglo XIX. ¿Podría elaborar más sobre esta analogía y su relevancia en la actualidad?

19/7/24

AUT LEX, AUT VIS VALET

“Toda la justicia social descansa en estos dos axiomas:
El robo es punible y el producto del robo es sagrado…” (Anatole France)

1. Pensar la justicia, un desafío radical y exigente.

            La justicia es un continente temático que pone a prueba al filósofo, porque solicita de él no sólo todas sus habilidades exegéticas, sino también su inventiva como pensador. Tiene, en efecto, que recoger la compleja tradición filosófica que se ha fajado con las injusticias del mundo para darles cumplida respuesta, y esa es la tarea del exégeta. Pero precisamente en este asunto no basta la escolástica. Las injusticias siguen dando que pensar, no sólo porque se multiplican sus manifestaciones, sino porque crece la visibilidad de las que han tenido lugar, de suerte que injusticias pasadas que pudieron silenciarse en el pasado, pasan a ser quehacer urgente del presente. El trabajo se acumula.

             Aunque el estudiante o estudioso sólo se encuentre con la justicia en un momento posterior del recorrido, por los vericuetos de la filosofía y casi siempre a la vuelta de una esquina, es decir, en un lugar secundario, estamos ante un momento radical y particularmente exigente del pensar.

14/7/24

Cuando el título de católico no ayuda a la causa cristiana

             La causa de beatificación de Isabel la Católica, largamente hibernada, ha encontrado en el actual Presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, un decidido promotor que tendrá que sortear los muchos obstáculos espirituales y temporales que han impedido su avance.

             Lo que se valora en una causa de beatificación no son los logros mundanos sino el “vivir heroicamente las virtudes cristianas”. En el caso de Isabel de Castilla se exhibe, además del título de reina católica, el empeño en la evangelización del Nuevo Mundo. Una reina pues que se comportó como una princesa cristiana. Si esto, que es sabido, no ha convencido hasta ahora es porque seguramente no basta para probar una vida heroica en virtudes cristianas.

7/7/24

Lo que oculta el Manifiesto por Palestina del CSIC

             El personal del CSIC ha firmado un “Manifiesto por Palestina” en el que se denuncia la acción bélica de Israel contra Gaza, al tiempo que se pide suspender toda relación académica con instituciones israelíes que no presenten un compromiso firme con la paz. Se condena una acción bélica, que algunos tachan, dicen, de genocidio, al tiempo que se rechaza, en una frase subjuntiva,  el atentado terrorista de Hamás.

             El Manifiesto ha sido firmado por muchos trabajadores del CSIC, buena parte de ellos científicos, sin mayores discusiones. Es como si la literalidad del texto expresara los sentimientos y convicciones morales de sus firmantes.

             El documento recuerda que “las organizaciones científicas no deberían permanecer ajenas a esta situación y deben expresar su compromiso con la paz y los derechos humanos”. Es una noble apelación que honra a los firmantes aunque quizá debería, en nombre de su cualificación científica, añadir a la expresión de los sentimientos, la responsabilidad por un mejor conocimiento de los hechos y una más ajustada valoración de su significado.

28/6/24

Walter Benjamin y su Jorobadito

"A la memoria de Walter Benjamin (1982-1940), el amigo de toda una vida cuyo genio unió la penetración del metafísico, el talento exegético del crítico y la erudición del sabio. Muerto en Portbou (España) en el camino hacia la libertad". En esta dedicatoria de Gershom Scholem al amigo recién fallecido queda bien descrito el alcance de su genio polifacético que aquí vamos a intentar rastrear.

 1. Benjamin se sitúa filosóficamente en la órbita de la Teoría Crítica aunque esto no es decir mucho. Conocida es la humorada que contaba el Frankfurter Allgemeine Zeitung a propósito del interés mundial que provocó la Teoría de la acción comunicativa de Jürgen Habermas. Un periódico norteamericano mandó a un reportero a Frankfurt a cubrir la información. Llegado al aeropuerto de la capital alemana pidió decidido al taxista que le llevara a la "Escuela de Frankfurt", a lo que el taxista replicó: "¿a cuál de ellas? que aquí hay muchas". Efectivamente hay varias. Se suele distinguir entre un círculo interno, formado por Horkheimer, Adorno, Polack, Tillich, Neumann, From o Marcuse, unidos en la preocupación de repensar el marxismo haciendo valer la mediación de las ciencias sociales, y un círculo externo, en el que estarían Benjamin o Bloch, más interesados en una teoría de la cultura. El ascenso del fascismo produjo una cierta convergencia pues todos se sintieron interpelados por el desafío de la nueva barbarie a la razón ilustrada.

            La ubicación de Benjamin en el margen de la Teoría Crítica no significa que fuera un autor marginal o actor secundario. Es verdad que cuando uno lee su correspondencia o la de Adorno observa que la precariedad de medios económicos distorsionó la realidad: los más pudientes, como Adorno o Horkheimer, se sentían con el derecho a corregirle la plana, haciendo gala de un cierta superioridad intelectual, pero que se diluye tras su muerte cuando lo que se hace valer son las ideas. Ahí ya se ve que el epicentro es Benjamin.

9/6/24

Europa, un proyecto amenazado desde dentro

            Al acabar la II Guerra Mundial, países que se habían enfrentado brutalmente en los campos de batalla se ponían de acuerdo para crear una Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA). No era el negocio económico lo que les convocaba; no se trataba de crear una sociedad mercantil sobre dos productos particularmente valiosos. El acero y el carbón, más allá de su precio económico, eran dos materiales estratégicos fundamentales en una guerra. No encontraron mejor manera de asegurar la paz que compartir los materiales que podían llevar a la victoria o a la derrota.

23/5/24

Prestigio de la violencia y visibilización de las víctimas (*)

            1. De nuestro tiempo se ha dicho que es “la era del testigo”, “la época de la memoria” o el de la “centralidad de las víctimas”. Son expresiones exageradas de un fenómeno nuevo caracterizado por el interés por la memoria, la narración, el testimonio. Lo podemos dejar en un tiempo de “visibilización de las víctimas”, lo que no es poco. Hay hechos que así lo confirman, por ejemplo, la aparición de las víctimas sólo en la última tregua de la organización terrorista vasca, ETA, lo que no había sucedido en las dos treguas anteriores donde los únicos actores eran el Estado y ETA. También, el papel que están jugando las víctimas en las conversaciones de paz en Colombia, sin olvidar el papel del Holocausto en el mundo entero. Se ha institucionalizado en muchos países el “día del Holocausto”, lo que habla bien claro de la presencia de las víctimas en nuestro presente. En historiador Enzo Traverso señala, no sin cierta ironía, que ya no hay peligro de olvido de Auschwitz (1).

            Es una novedad importante desde el punto de vista cultural y de su alcance epistémico puede que aún no seamos conscientes. Nos damos cuenta de su importancia si tenemos en cuenta el peso en nuestra cultura de las tesis que se han opuesto de una manera consciente a esa visibilización. Pensemos, por ejemplo, “en la cultura de olvido”, tan bien representada por Nietzsche cuando decía “para vivir hay que olvidar”, o de Descartes: “si tenemos la razón ¡para qué acordarse¡”. Añádase la política del “pasar página” o, si se prefiere, del “echar al olvido” que según Slomo BenAmi es la más seguida a la hora de superar conflictos.

            Eso ha cambiado y nos podemos preguntar que por qué o cómo explicarlo. Seguramente porque se han dado muchos otros cambios que han confluido aquí. Y podemos nombrar algunos: en primer lugar, que la humanidad ha hecho la experiencia de que para vivir hay que recordar y no sólo olvidar. Esta experiencia ha sido determinante. También los avances en el desarrollo de los Derechos Humanos que nos permiten hablar hoy en derecho de Justicia Transicional y Justicia Restaurativa, figuras en las que la memoria de las víctimas juega un papel destacado. Sin olvidar la aparición de las Comisiones de la Verdad y de la Reconciliación en varios decenas de países. La historia, el derecho, la política y la sociedad se han implicado manifiestamente en esta visibilización. Sería interesante una tesis doctoral sobre estos cambios que tuviera en cuenta datos empíricos y también cambios de mentalidad.

             2. A falta de esa ambiciosa explicación, lo que me propongo, más modestamente, para responder a la pregunta inicial, es reflexionar sobre la relación entre víctimas y violencia. Es evidente que hay una relación obvia. A mayor prestigio de la violencia, más víctimas. De esto hay que hablar pero también de algo más: del lugar de las víctimas en las críticas a la violencia. Si el primer enfoque es obvio, éste segundo es mucho más sorprendente. Así que analizaremos, por un lado, la relación entre prestigio de la violencia y generación de víctimas y, por otro, el lugar (o no lugar) de las víctimas en las críticas de la violencia.

9/5/24

La ejemplaridad de la justicia

            Los jueces deben ser libres para impartir justicia, lo que no significa que todo les sea permitido. Ellos también tienen normas. Para aceptar a trámite una querella contra alguien, por ejemplo, existe una Ley de Enjuiciamiento Criminal y una jurisprudencia que tienen que respetar. Si el Tribunal Supremo sentencia que una causa debe ser rechazada si se basa en informaciones periodísticas y sólo en las mismas, no debería ser admitida a trámite la que presentó Manos Limpias contra Begoña Gómez pues está basada en recortes de periódicos.

             Pero el juez Juan Carlos Peinado la admitió porque se hace. Lo más notable del caso no es el contexto político, por muy serio que sea, cuanto la normalización de las malas prácticas en la justicia. No sé si esas prácticas son muchas o pocas, lo cierto es que no pasa nada cuando ocurren. El Gobierno de los Jueces debería saltar como un resorte ante la menor incidencia irregular porque el papel ejemplarizador de la justicia en un sistema democrático no tiene parangón con el de ninguna otra institución.

13/4/24

El laicismo se endurece y los conflictos crecen

            Parece que en Francia el laicismo se endurece. No sólo se prohíbe llevar el velo en las escuelas sino que se penaliza a las madres que lo luzcan cuando se apostan a la puerta de los centros escolares esperando la salida de sus hijas. Se toman esas medidas para invisibilizar las diferencias étnicas entre franceses y reforzar los rasgos comunes. Como no se alcanza el resultado previsto, sino que se multiplican los enfrentamientos entre comunidades, ha llegado el momento, piensan muchos, de revisar las bases del laicismo.

             Durante un tiempo se pensó que la convivencia entre miembros de distintas culturas o creencias se facilitaba rebajando lo que distinguía y subrayando lo que unía. Un buen ejemplo de este planteamiento lo encontramos en la obra teatral Natán el Sabio de Efraim Lessing. Judíos, moros y cristianos, hartos de guerrear durante siglos, se preguntan cómo vivir en paz. Encuentran respuesta en la tesis filosófica de que “todos antes que diferentes somos iguales”. Somos seres humanos antes que creyentes de esta o aquella religión. Eso funcionó a medias porque era difícil olvidar en la vida diaria que primero somos diferentes (en el comer, en el vestir, en el hablar, en el sentir, en el pensar) y que hay que hacer un largo viaje mental para descubrir que además compartimos el ser humano.

14/3/24

La responsabilidad y la culpa

             “No acabaré mi carrera como corrupto cuando soy inocente” dijo José Luis Ábalos, ex ministro del Gobierno de Pedro Sánchez, cuando se le pidió que dejara su escaño en el Congreso de los Diputados porque un hombre de su confianza, Koldo García, había sido procesado por cobrar ilegalmente comisiones en la venta de mascarillas.

            Si Ábalos se siente inocente ¿por qué tendría que dimitir? Que cada palo aguante su vela. El refranero popular español coincide en esto con la filosofía moral clásica cuando dice que uno tiene que hacerse cargo de sus actos; de todos sus actos, ciertamente, pero sólo de sus actos. Ahora bien, si Ábalos piensa que, al no ser el autor de los trapicheos millonarios que la justicia imputa a su singular chófer, no tiene responsabilidad alguna, se equivoca. El tema estrella de la reflexión moral contemporánea, dice Paul Ricoeur, es el de la responsabilidad sin culpa, es decir, que podemos ser responsables incluso de lo que no hemos hecho.

6/3/24

Una mirada que deshace tópicos antiguos y plantea preguntas necesarias (Comentario al libro de Agustín Serrano de Haro "Hannah Arendt y España")

 Libros sobre Hannah Arendt hay muchos y, los temas tratados, recurrentes. Suelen dar una vuelta de tuerca a la banalidad del mal, al totalitarismo, al homo laborans, al juicio o a la vita activa. Lo sorprendente es que en la relación de Arendt con España el autor haya visto  un libro que quizá no aporte grandes novedades sobre las grandes ideas arendtianas pero sí son de un gran interés para España. Es un libro construido sobre fragmentos o referencias de paso que, más allá de la brevedad, abren horizontes insospechados.

 La escritura del autor es fiel a su estilo caracterizado, en primer lugar, por un gran rigor interpretativo. No se permite ninguna exageración, ni retorcer el texto leído, ni hacerle decir lo que no dice. En segundo lugar, agudeza para llamar la atención sobre aspectos no considerados en las interpretaciones habituales pero que, bajo su luz, resultan de interés.

14/2/24

Alsasua, el engaño de la memoria corta

            Altsasu es una obra de teatro basada en un incidente que tuvo lugar en octubre del 2016 y que se convirtió en un asunto nacional. Dos guardias civiles fueron brutalmente golpeados por jóvenes locales al pretender entrar en un bar de dicho municipio. El incidente fue tratado por la justicia como un acto terrorista lo que acarreó en la Audiencia Nacional fuertes sanciones para ocho jóvenes implicados.

             La representación teatral, siete años después, ha vuelto a convocar emociones, más allá de las meramente estéticas. Grupos de extrema derecha se han manifestado a las puertas del Teatro La Abadía de Madrid para protestar contra su representación por lo que entienden es blanqueamiento del terrorismo. El director del centro dramático, Juan Mayorga, ha defendido la representación porque el teatro es “paz y libertad”, un espacio al que se acude libremente y en el que distintos personajes, que representan mundos enfrentados, convienen en hablar.

5/2/24

“Lo que olvida nuestra memoria cuando recuerda. En el 85 aniversario de la Kristallnacht”

            Lo que hoy nos convoca es la memoria de La Noche de los Cristales Rotos. Ese 9 de Noviembre de 1938 se encuentra en la encrucijada de un proceso que venía de atrás y que acabaría en la Solución final. Antes de esa fecha, en 1933, ya había tenido lugar la muerte cívica del judío. En ese momento ya fue desposeído de buena parte de sus derechos ciudadanos. Derogada fue su igualdad legal, siendo expulsado de las funciones públicas, de la vida cultural y de las profesiones liberales. Luego sobrevino la muerte política, con las Leyes de Nurenberg en 1935. Es el momento de la expulsión del judío de su condición de ciudadano del Estado alemán, visibilizada públicamente mediante la segregación física. Las leyes precisan que como el judío no pertenece a la raza aria, éste no puede ser ciudadano del Reich. Die Kristallnacht o “Noche de los Cristales Rotos” es un ensayo de lo que ocurriría en 1941 con la Solución Final. Sólo en Alemania 267 sinagogas saqueadas, 7.500 almacenes desvalijados; unos 30.000 hombres arrestados e internados en los campos de Dachau o Buchenwald y un centenar, asesinados. Para reparar los daños causados por los esbirros de Goebbels la comunidad judía fue condenada a pagar una multa de mil millones de marcos.

             Lo que quiero decir es que las cosas no sucedieron de repente. Se fue avanzando hacia la cámara de gas conforme disminuía la resistencia a la barbarie  y aumentaban los efectivos antisemitas  provenientes de la población de a pie, de los políticos, de los periodistas, del capital, de las confesiones religiosas.

             Los brutales acontecimientos que tuvieron lugar provocaron sorpresa y miedo, pero ninguna medida a la altura del problema. Callaron las cancillerías, las iglesias, los intelectuales europeos. Hitler entendió entonces  que tenía el camino libre: podía pasar de la exclusión al exterminio haciendo las cosas, eso sí, sin tanto ruido.

             Hoy, 85 años después, lo recordamos. Este acto organizado por el Ayuntamiento de Barcelona es un acto memorial. Entendamos su importancia. Podía no haber sido. Si Hitler hubiera vencido no habría memoria alguna de lo ocurrido porque el Holocausto fue pensado como un proyecto de olvido. Se habían tomado todas las medidas para que no fuera posible recordarlo, por eso no tenían que quedar restos físicos. Sin huellas del pasado judío la humanidad olvidaría la contribución del pueblo judío a la cultura mundial. Tengamos en cuenta que además de esa estrategia operativa  amnésica, estaba el trabajo hermenéutico y educativo del nazismo, empeñado en recrear el mundo sin los valores que había protagonizado este pueblo, empezando por el mandato del “no matarás”. Por qué no había que matar, se preguntaba Himmler, si podemos hacerlo.